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martes, 5 de mayo de 2009

Guille, Inma, Cataluñ(ny)a: Girona

Mi primera foto en Girona. Tiene un valor meramente cronológico.

*Antes de hablar sobre mi estancia en Girona, quiero dejar claras unas pocas cosas:

-La primera, que me referiré a Gerona como Girona, pero los lectores se pueden sentir muy libres de leer "Gerona". Las lenguas nos hacen mucho más libres, más cultos y más versátiles. Ójala todos los españoles supiéramos algo de catalán, gallego y euskera. La cultura no se debe demonizar, se debe transmitir, valorar y conservar.
- La segunda: Soy madrileño de nacimiento y navarro de adopción. La Capital del Reino significa mucho para mí. La navidad, por ejemplo, entre otras cosas, es la calle Preciados a reventar. Pero considero que Barcelona tiene un encanto especial y fácilmente palpable. Me refiero a que Madrid hay que sufrirla, mientras Barna se hace querer más rápidamente. Con todo, como buen español, odio y amo a madrid.
- La tercera: La batería de mi cámara se gastó en el momento menos oportuno, por eso no hay documentación gráfica sobre muchas cosas que digo. Os pido tengáis fe y me disculpéis.

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Los pamploneses vivimos con dos convicciones -al menos los pamploneses de Madrid-: Que no hay ciudad más bonita que Pamplona y que es la ciudad más aburrida de todos los tiempos. Lo primero es meramente subjetivo y es una creencia autóctona a cualquier lugar. La segunda es un hecho comprobado: salvo el desenfreno descontrolado de los San Fermines, Pamplona es una ciudad en la que prácticamente no hay nada.

Sí, tenemos dos universidades, pero la "vida universitaria" se concentrá en un par de bares CUTRES y 3 discotecas aún más CUTRES. Nada más. Los museos brillan por su ausencia -no somos ciudad de museos- y no hay más que exposiciones itinerantes. Lo más internacional que tenemos, aparte de los citados SF y un equipo en primera -por ahora-, es un festival de cine documental desconocido para la mayoría de todos los navarros: el Festival Punto de Vista. Bueno, tenemos Corte Inglés, un "fantástico" carril bici en perpetua construcción y un Ensanche modernista. ¿Y con eso quieren que seamos ciudad europea de la cultura?

Un tramo de muralla "practicable" de Girona. Estaba realmente exuberante.

Pero si el post se llama "Guille, Inma, Cataluñ(ny)a: GIRONA" ¿por qué habla de Pamplona? Sencillamente porque las comparaciones son odiosas. Navarra es preciosa, pero la Capital del Reyno, pese a ser fantástica para vivir -es un pueblo burgués-, es bastante sosa. Sin embargo Girona, que para mí no era más que un sitio lejano, es lo que Pamplona podría ser y no es. Una ciudad pequeña con encanto y personalidad que ha sido capaz de llenarse de vida.

Y es que Girona, aunque más extensa, tiene 100.000 habitantes menos pero mucha más vida. Ciudad burguesa del norte catalán, fue una plaza fuerte frente a los franceses. Cuando perdió dicho estatus -1889- se permitió el derribo de parte de la muralla. Pero para el disfrute del turista aún encontramos bastantes tramos de la fortificación bien conservados, pudiendo rodear el barrio judío sobre la muralla con unas muy buenas vistas.

"Zona con encanto" de la fortificación amurallada de Girona.

Una foto que muestra varias cosas. Lo verde que estaba todo con la lluvia, la torre de la catedral y las posibles vistas desde la muralla.

Para ser sinceros el barrio judío parecía un barrio antiguo normal, pero podías encontrar pequeños patios que te señalaban la presencia de una típica casa hebrea. En uno de ellos había un bar bastante molón -el patio del Rabí / el pati del rabí- y en otro un museo que cerraba de forma inoportuna todas las veces que intentamos ir.

Luego estaba el río. Una ciudad cruzada por un río, al más puro estilo veneciano, merece siempre una mención especial. Bueno, en concreto a Girona le atraviesan cuatro ríos, pero yo creo que sólo vimos uno, el Oñar. Bastante caudaloso -no paraba de llover...- daba a la ciudad un toque mágico. Era interesante sobre todo cruzar todos los puentes que en ningún caso desentonaban con la ciudad. De hecho, la zona de Girona que visitamos fue la que rodeaba el río.

Casas colgantes sobre el Oñar. Le dan un toque muy especial a la ciudad.

La misma zona de noche -es la que menos movida me salió...-

En esa zona se concentraba el boulervard comercial, el barrio judío, el ayuntamiento, la catedral, la Rambla de la Libertad y la Plaza de la Indepencia -qué poéticos-. Comercialmente me pareció bien nutrida, pero lo que más me sorprendió fue la calidad hostelera. Y no, no hablo de gastronomía -al menos la tridional-. En la esquina abierta de la Plaza de la Independencia, paralela al río, hay un restaurante japonés excelente.

Entrada lateral a la catedral de Girona. No se aprecian los santos modernos de la fachada principal. Por algún motivo no la fotografié, pero está en internet.

La catedral, bastante maciza y con unos santos que parecen de comic, no es precisamente lo más bonito. Esa fachada monumental que le han hecho le hace perder un poco -a mi entender-. Pero por otro lado tiene una vida universitaria mucho más animada. Igual es el mar, del que hay vestigios como las gaviotas que sobrevuelan la Universidad de Girona. -bien bonita-. Aunque hay explicaciones más mundanas.

Una rata voladora del mar... digo una gaviota. Esta en concreto era enorme y estaba en la plaza de la catedral. A 50 kilómetros del mar sigues estando en la costa.

El aeropuerto de RyanAir ha supuesto que Girona se convierta en destino de muchos vuelos low cost -de bajo precio-. Muchos universitarios de intercambio se deciden por esta ciudad, que sabe ofrecerles cosas de interés. Pese a ser Semana Santa, había muchos más turistas que en Pamplona en cualquier época del año -menos en SF, esa anomalía-.

Tengo que decir que tuvimos una ventaja, que a priori, puede parecer una desventaja: la lluvia. El agua, pese a estropearnos muchos planes -como ir a la costa o pasear por La Devesa (La Dehesa, un gran parque)-, había dejado los parques y jardines de un color verde intenso. Eso hizo que nos sintiésemos como en casa. De hecho, mucho mejor. A Inma le entusiasmó ver la gran población canina -sobre todo de bulldogs franceses- que había. Y para los detractores de los canes, decir que Girona es una ciudad bastante limpia y que no tuve ocasión de ver ni un sólo excremento de perro en nuestro periplo.

Una fachada en la zona antigua. Girona apareció ante nosotros gris -cielo- y verde.

Girona nos resultó una ciudad cercana, cómoda y agradable. Y sí, muy bonita y divertida. A mí me gustaría que Pamplona tomara ejemplo, que los propios pamploneses nos movieramos más y fuésemos más emprendedores. Posiblemente Inma me dirá que eso tiene una solución: viajar. Yo prefiero no quejarme demasiado.

Una farola en uno de los puentes de Oñar. La luz es diferente -ayudaba el cielo encapotado-.

Para terminar un par de anotaciones: en Catalñ(ny)a existe una cadena de comida rápida autóctona, llamada Viena, que se dedica a los bocatas. Tanto el pan, como el relleno e incluso el ketchup lo elaboran ellos con productos de la tierra. ¿No se podría hacer algo igual aquí? Es comida rápida de hacer, de calidad y a un precio asequible. Y siempre estaban llenos.

Y la segunda anotación tiene que ver con la luz dorada que parece impregnar todo por allá. He estado pensando e igual es una tontería, pero ¿no tendrá algo qué ver el mar? Quiero decir, es la Costa Dorada porque la arena en el mar da reflejos dorados. Si el mar se refleja en el cielo y éste devuelve la luz, quizá la devuelva también dorada. O quizás sólo sean ensoñaciones de un viajero en tierras mediterráneas.

Salut & aventura!

Próxima entrega: Figueras/Figueres y Ripoll.

miércoles, 15 de abril de 2009

Guille, Inma, Cataluñ(ny)a: El Born

Callejuela del Born. Barcelona.

Barcelona tiene una luz especial. Cuando ví Vicky, Cristina, Barcelona pensé en qué estaba pensando Woody Allen. Tras mi última visita por el barrio del Born en Barcelona lo descubrí. Este barrio, que vive ahora una edad dorada, me demostró que la luz de Barcelona es amarilla. Dorada. De mis acompañantes fuí el único que se dio cuenta, lo que hace del hallazgo y mi relación con la ciudad de Barcino algo más entrañable e íntimo. Woody Allen buscó la luz de Barcelona olvidándose de todo lo demás. Quizá piense igual que yo, porque salvo excepciones, la gente ve su película más como un panfleto turístico que una película.

El barrio del Born está muy vivo. Es un sitio excelente para callejear y está lleno de detalles. Barcelona, que como un gigante reptil va cambiando la piel, vive en una mixtura entre lo viejo y lo nuevo palpitante. Las boutiques más caras conviven con las gárgolas y los museos se establecen en viejos palacetes.

Tejados dorados del Born.

El Orfeó Catalá. Barcelona.

¡Gárgolas! Barcelona.

La cabeza del barrio es la iglesia de Santa María del Mar. Encerrada entre los andamios de unas obras eternas, que datan de la boda de alguna infanta -la "guapa"-, por dentro encierra la magia del espacio y la luz que sólo se encuentran en algunas catedrales. Alta, esbelta, y también oscura. Sangre, sudor y lágrimas de una devoción santa vilipendiada por la curia. Edificios como este deben llenar de orgullo, y también de fe. Cada cual lo suyo. Triste que digan más las piedras que los Papas.

La "cabeza" de la Iglesia de Santa María del Mar. Barcelona.

La Iglesia de Santa María del Mar por dentro. Barcelona

Parte de la fachada del moderno Mercado de Santa Catalina. Barcelona

Tras comer comida japonesa en el Mercado de Santa Catalina, terminamos de recorrer el barrio y fuimos a Badalona. Cualquier ciudad con mar merece la paz y el sosiego que da siempre una ventana abierta. Aunque la gente de Badalona sigue considerándose un pequeño pueblo pesquero, es una ciudad casi más grande -o sin el casi- que Pamplona. Un pueblo que creció de forma irregular y un poco masificada. Lo mejor es su gente, que sigue siendo indefectiblemente de pueblo.

El mar desde Badalona.

Y como un pueblo con solera, tienen una procesión de semana santa peculiar. Tétrica diría yo. Terrorífica diría hace algunos siglos. Por las calles a oscuras -se apagan las farolas- discurre una procesión en silencio, roto únicamente por algunos tambores y la voz de unos niños recitando unos versos de forma monótona. También pasaron tres mujeres entonando los mismos versos a tres voces de forma armoniosa -tiene un nombre y no lo recuerdo- que me dejó la piel de gallina. Todos vestidos de riguroso negro.

Los "pasos" de la procesión. Badalona.

Cuando ví aquello recordé la Santa Compaña, tradicional en las tierras de algunos de mis ancestros, y no pude más que apiadarme de los viajeros que llegaran a aquel pequeño pueblo costero en tales fechas. Aunque por desgracia sigue pasando. Gracias a las prédicas de algunas radios y periódicos, Barcelona y Cataluña/nya parecen apestadas y territorio comanche.

La Antiheroína me comentaba cuando volvíamos para Pompaelo que no entendía a los medios ultras que tachaban el País Catalán como cuna de malechores y terroristas lingüísticos. Por las calles del Born escuchamos todos los idiomas habidos y por haber. Sí es cierto que para algunos españoles, vecinos de penurias y calamidades, les molesta tener que ponerse el chip de "irse al extranjero" para ir a Cataluña/nya. Todo está en catalán, aunque de normal también está en castellano, inglés y francés. Aunque reconocible, sin nuestra intérprete de Badalona nos habrían quedado algunas dudas.

"Excepto vecinos y servicios". Me costó pillarlo -no soy de idiomas-.

Ni tanto ni tan calvo. Al final todo es preguntar, y los catalanes tienen un espíritu bastante cosmopolita. No les extraña que preguntes. El problema es cuando entramos en el laberinto de los nacionalismos. Yo en ningún momento sentí herida mi sensibilidad española, no tuve problemas de comunicación y no ví apenas reclamaciones nacionalistas en ventanas, balcones ni paredes. Igual por la idiosincrasia del barrio, igual por la realidad de que los catalanes se saben y sienten catalanes y ciudadanos del mundo. En concreto de la zona que se llama España.

Sin entrar en debates estériles, sí que me llamó la atención la eternización de las obras en Barna. Agujereada, con solares, con edificios a medio hacer o medio derribar. Desde Madrid claman que los catalanes se guardan el dinero y parecen nadar en la abundancia. La realidad es otra. Desde la ignorancia y la pereza -no me apetece buscar los datos, esto se trata de impresiones vividas- Madrid vive una remodelación completa y permanente. No sé cuando cambiaron las aceras de Barcelona por última vez, pero hace un tiempo. El metro parece que lo están volviendo a hacer. Y las obras se pueden visitar todos los años.

Bienvenido al parque temático Barcelona. Curiosa pintada. Barcelona.

La inversión que supuso los Juegos Olímpicos queda ya un poco obsoleta. Madrid, mientras no consiga nada más que la candidatura, seguirá recibiendo el dinero de todos los españoles. Sin embargo, en cierto sentido entiendo que en Barcelona quieran una inversión en infraestructuras. Sigue siendo una ciudad modernista cien años después, y el gasto de mantener su patrimonio es una forma de capitalizar su atractivo.

Lo que no podemos olvidar es que la reivindicación catalana debería ser aplicada al resto de España. Tal vez por aporte al PIB o porque la pela es la pela, le duela más a los catalanes. Pero el ombliguismo de Madrid es de aburrimiento. Barcelona es una ciudad más abierta al mundo que sus vecinos, que la temen más que amarla y cuidarla. Vista como rival de la Capital del Reino, es una pena esa rivalidad lacerante.

¿Al final no somos todos españoles?

Salud & aventura!

PD: Próximamente Girona.

martes, 14 de abril de 2009

Guille, Inma, Cataluñ(ny)a

El Born, cerca del mercado de Santa Catalina. Barcelona.

Soy un tipo al que no le gusta viajar. Mi madre lo explicaría con un sucinto "eres un vago", que es la explicación principal a mis causas, azares y luchas. Yo creo que cuando estás de vacaciones, lo que menos te apetece es encabronarte. Y a mí salir de mi terruño me produce estrés. Los horarios -madrugar para desayunar, ¡estoy de vacaciones!-, el no tener control sobre tus pertenencias la mitad del tiempo y acudir como un borrego con ocho mil personas más a los sitios me generan un gran nivel de resquemor social.

La verdad es que hay otras explicaciones. Muy probablemente el trauma que me generó el viaje de fin de carrera a Túnez. De nueve días me pasé con un catarro de mil demonios siete. Pero lo peor no era eso, ni el hecho de que el alcohol fuera estratosféricamente caro. No. Lo peor era que aquello era igualico igualico a Benidorm, sólo que aquí te estafaban a la puta cara. Algún día comentaré en un post apokalépiko mi experiencia traumática. Pero yo no vengo a hablar de Túnez. Vengo a hablar de Cataluñ(ny)a.

Pese a mi adversión genérica y traumática a viajar, mi adorada antiheroína es de las que piensan que visitar otros sitios es una manera de desconectar. "¿De qué?" me pregunto, a sabiendas de que la estulticia humana nos acomapaña allá dónde vamos. Además, la economía de un servidor es tan decepcionante como UPD. Paupérrima.

Como soy un tipo sin firmes convicciones, decimos aprovechar la estancia en tierras badalonesas de su hermano y su mujer para unirnos a ellos y visitar Girona/Gerona. Aprovechamos para pasear por El Born en Barcelona -no confundir con el Caso Bourne-, ver la Procesión del Silencio de Badalona, el museo Dalí en Figueras/Figueres y terminamos el viaje en Ripoll.

Obra del ególatra y gálatra de Dalí. Figueras.

Esto sólo es el principio de una crónica de un viaje. También es una justificación a la completa falta de actualidad del blog en varios días. Me pongo la tarea de expresar por aquí mi inmensa alegría de la ascensión de Eduardo Madina, una críti... un análisis hacia las partidistas medidas anti crisis de Rajoy -si se animara Senior...- o una mención al principio del fin del castrismo.

En resumidas cuentas, es una bienvenida a mí mismo en mi mismo blog.

Salud & aventura!

PD: Todas las fotos son mías.