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miércoles, 4 de octubre de 2017

Cosas que pasan


El otro día Donald Trump echó en cara a los puertorriqueños el dinero que había dado el Gobierno de los EE.UU al país tras el paso del huracán María. Lo hizo durante una visita relámpago, trece días después (a Texas y Florida, afectados por sendos huracanes, tardó 3) de que la isla quedara devastada. Trece días en los que los boricuas han estado sin agua ni luz en un país arrasado. Trece días en los que el país, que arrastra una deuda de miles de millones y que tiene a la mitad de la población viviendo por debajo del umbral de la pobreza, ha sido ignorado por la Casa Blanca. El POTUS, con su habitual tono campechano, poco menos que insinuó que igual el dinero de los contribuyentes americanos (los de verdad, no esos isleños que hablan raro) había sido derrochado por las autoridades del país. Porque total, sólo han muerto 34 personas, aunque miles de personas hayan visto sus vidas destrozadas. Trump se vanagloriaba así de su gestión de la crisis apelando al desembolso que había hecho su administración mientras lanzaba rollos de papel a los ciudadanos imitando un tiro a canasta. Y esto es cierto.

Tras volver a su amada patria (USA, no la Alemania desde la que emigró su abuelo y a la que no lo dejaron volver), supongo que para arreglar las cosas, afirmó que se encargarían de la asfixiante deuda de Puerto Rico. Lo hizo en los siguientes términos: "Deben mucho dinero a sus amigos en Wall Street y vamos a liquidar esto. Pueden decirle 'adios' a todo esto", aseguró, y para rematar añadió en tono de broma según los periodistas: "Odio decírtelo, Puerto Rico, pero has hecho que el presupuesto esté fuera de control". Y ya está. Solucionado. Sólo le faltó irse a ver el fútbol, aunque al parecer el presidente Trump es más de golf. 

Últimamente reflexiono mucho sobre la Historia. Si unificar la física bajo una sola batuta parece complejo, imagínese analizar las historias para encontrar patrones, pautas o pistas para no repetir los errores del pasado. El ser humano es el único animal que conociendo la resaca, y el arrepentimiento subsiguiente, vuelve a emborracharse. O a enamorarse. El ser humano es un animal circular, cíclico, inmutable. Y no hablo de tropezar varias veces con la misma piedra. Hablo de patear con saña siempre las mismas montañas para demostrar su valía como humano; mostrar que somos estúpidamente humanos.

Donald Trump es un símbolo de nuestro tiempo. Una muestra de lo que es gobernar con el sentido común de la gente corriente, así, por las bravas, como dios manda. Un emblema del renacimiento de los grandes hombres de estado hechos a sí mismos, paternalistas y condescendientes, esclavos de sus cobardías mas inherentes, y en el fondo, aunque muy superficialmente, autoritarios. Porque ellos saben lo que sus países necesitan, porque coincide plenamente con lo que ellos necesitan. Son la voz de la razón y la cordura en busca de la grandeza pasada, ya sea hacer América grande otra vez o una España una, grande y ¿libre? O una Catalunya Lliure. Era hora de que los poderosos y los que dominan los hilos se quitaran las caretas y buscaran su redención, su hueco en la historia, volviendo (¿he dicho ya que el ser humano es el único animal con retrovisores?) a una arcadia feliz absolutista donde el dominado domine por fin sin barreras al dominado.

Durante años la humanidad ha vivido un auge inimaginable. La educación, la sanidad o las prestaciones sociales de las que -por el momento- disfrutamos eran inimaginables décadas atrás. Los cambios sociales que han transformado nuestras sociedad han puesto patas arriba dogmas que habían pervivido siglos. SIGLOS. Y aunque el mundo no ha sido perfecto nunca, es innegable que ha sido mejor. O al menos que hemos contado con mejores herramientas para hacer frente a los retos que se nos han puesto por delante. Sí, hemos errado, hemos pecado de ingenuos, hemos sido atroces, pero al menos ha habido una luz, mínima y constante de esperanza y progreso. Un objetivo hacia una comunidad humana de respeto, de concordia. 

Puede sonar extravagante decir esto, pero es que es cierto. Desde el socialismo, pasando por el capitalismo y la socialdemocracia, hemos ido a mejor. O al menos hemos transcendido las limitaciones físicas para crear un mundo nuevo y mejor. Desde la imprenta hasta internet. El avance científico, la diversidad cultural, la toma de conciencia global, son muchas las cosas que nos han permitido gestas increíbles. Como la mal diseñada Unión Europea o la imperfecta Organización de las Naciones Unidas. Llegar a la Luna o limpiar el mar de plásticos. Y aquí alguien dirá, espera un momento, el mar está más sucio que nunca, eso ha ido a peor. Bueno, igual que el hombre ha ido a la Luna, es verdad verdadera que hay más de un sistema para limpiar el mar de plástico. Igual que podríamos usar muchas más energías renovables. O lo que es más, reciclar, reutilizar y REDUCIR nuestros residuos. 

Sí, el mundo se va a la mierda y lleva haciéndolo desde prácticamente siempre, pero nunca hemos sido tan conscientes, ni hemos sido tan capaces de orientar nuestro camino allí a donde queramos dirigirlo. Y si ya se me ha ido la olla mucho con lo anterior, voy a subir a órdago: y la mayoría de la gente es buena. Lo sé, porque soy humano y sé lo que quiero. Y no me interesan las guerras, ni el sufrimiento. Quiero llegar a ser la mejor versión de mi mismo. Ya sea como torero o como profesor en una barriada. Claro que quiero ser rico, pero me conformo con posibilidades. Con futuros por los que transitar con ilusión, un objetivo, un sentido. Y eso es lo que buscamos todos, sin importar desviaciones ideológicas ni rencillas personales. Eso mismo lleva a alguien a inmolarse o a estudiar Filosofía. Y posiblemente eso sea lo que nos lleve a patear montañas.

Los líderes europeos llevan años intentando dar salida a la crisis, pero es que salvar a la gente es más difícil que salvar a los estados. Igual que el lema de Trump con su Make America Great Again, en el que no había lugar para los americanos, hablar en términos de deuda, prima de riesgo, y en definitiva, de Economía, es mucho más fácil que hablar de Rachid, Emma o Eneko. Gracias a nuestros dirigentes, Europa es un transatlántico que, tras darse un piñazo de muerte contra un iceberg, sigue zombi por el océano. Es inhabitable, pero al menos sigue a flote. Igual que la célebre frase de Montoro: "Que se hunda España, que nosotros la levantaremos". Y que le den por saco a los españoles.

Sí, el tono paternalista y campechano de Trump tiene todo el sentido del mundo. Para él gastar dinero en los puertorriqueños es un lastre. Puerto Rico es un lastre. Los ciudadanos que requieren de un gobierno, son un lastre. Los parados, los ancianos, los jóvenes, los migrantes, los refugiados, los trabajadores... la lista es extensísima, y sólo excluye a aquellos que tienen lo suficiente para no depender de los demás. Esos hombres hechos y derechos a los que el movimiento libertario tanto admira. Los ricos, la gente que no requiere de los demás, los que sólo ven en la sociedad un vergel en el que regocijarse y del que exprimir sus frutos.

Pero esa percepción no sólo la tienen los gobiernos. Como he dicho todos buscamos un futuro en el que realizarnos, el que sea. Y la televisión y la gran mayoría de los medios culturales nos indican el camino con luces de neón: Justin Bieber, CR7, Jack Ma, Elon Munsk, Amancio Ortega. Ricos, guapos e influyentes. O al menos ricos e influyentes. Y muy probablemente hombres. Ese es nuestro objetivo, ser el equivalente en nuestra pequeña esfera de influencia. Para eso tenemos Instagram, Youtube, Facebook o Blogger. Para buscar ese último fin que parece único. De ahí salió Donald J. Trump, el famoseo delirante o distrofias culturales como la cirugía plástica de agrandamiento de ojos y blanqueamiento de piel de países asiáticos.

Y así, de un modo u otro, justificamos a los que entorpecen el progreso, a los que suben lo suficientemente alto para considerarnos, con suerte, al nivel de sus mascotas, a los que arrojar rollos de papel como si fueran cacahuetes. Siempre hay acólitos del poder, figuras serviles que esperan su turno pacientemente, despojándose de su dignidad y orgullo para lograr ese ansiado futuro. Ahí se encuentra el anquilosado y corrupto sistema de partidos políticos y sindicatos español y europeo. Fuimos, y hemos sido, las ovejas las que pusimos al lobo a cuidar del rebaño. Porque es innegable que nos ha ido bien. Demasiado, como se puede apreciar en que todo lo prescindible que se recorta son derechos y libertades. Privilegios dirán aquellos que aspiren a ser hombres y mujeres hechos a sí mismos. Pero para su desgracia, lo suyo sí que es un privilegio. Yo vivo en sociedad porque quiero, y porque sino estaría perdido.

Es indudable que en un mundo con 6000 millones de personas han conseguido que lleguemos a casa solos y desmoralizados. ¡Cuando lo teníamos todo de cara! El sistema empezó a temblar, un fantasma de cambio, no amparado por la revolución, sino por la insostenibilidad del propio sistema, amenazó las estructuras que regían el progreso de la Historia. Porque, a pesar de la corrupción y los errores, nos ha ido bien. Porque, para terminar de parecer un demente, son males inevitables aunque inaceptables (y sí, no es un oxímoron; igual que la muerte es inevitable y no por eso dejamos de luchar contra las enfermedades) Y ante ese agotamiento, algunos han soltado amarras, se han quitado las caretas y huyen hacia delante soltando lastre.

Y es un mal global. Vivimos bajo una ofensiva donde la mesura ya no tiene lugar y se trata de ver quién la tiene más grande, antes de que el casino cierre y todo se vaya al garete. Miremos a Siria, donde la población sólo se tiene en cuenta para el recuento de víctimas, y donde las potencias juegan a la III Guerra Mundial en un terreno donde sólo mueren sirios. ¿A quién le importa? Está claro que a Al Assad no. Tenemos al amigo Duterte pasándose los DD.HH por donde le da la gana aprovechando la barra libre, por mucho que sus medios puedan resultar efectivos. ¿Se acuerdan de los griegos? Eso ha sido devastador pero no nos acordamos, porque... porque los peluqueros cobraban mucho y se jubilaban pronto. ¿De Crimea? Putin ha demostrado ser el mejor en poner cara de póker. ¿El Brexit? Los británicos han demostrado que a lo de "a que no hay huevos" no les gana nadie. Y así podríamos seguir con la guerra soterrada entre el incapaz de Maduro y la lamentablemente turbia oposición de Venezuela, los pepinazos norcoreanos o la guerra de Yemen. 

En cualquier barra de bar de Catalunya (o Cataluña para el resto de españoles) o España posiblemente esté la solución a los males que nos aquejan. Desde la figura del cuñado, tan denostada aunque yo siempre haya tenido buena experiencia, hasta el perroflauta o emprendedor de turno. O eso quiero creer. Son interminables las charlas que tenemos cada día solucionando el mundo, así en general, y también el que nos rodea. Y con más acierto de lo que pensamos. De verdad, aunque hayas dejado de leer hace rato por mi concienzuda estupidez, la mayoría de la gente sabe lo que necesita la gente, porque bueno, ¡es gente! 

Otra cosa es que estén capacitados para gobernar u operar a corazón abierto, pero eso es otra historia.  Yo hablo de que el poder real de transformación de los pueblos no pasa porque cualquiera pueda dirigir. Hay gente que sirve para arreglar motores, otros para saltar con una pértiga y otros para operar ojos. E indudablemente, aunque no sepa dónde se meten, hay gente capacitada con liderazgo y carisma para guiar a los pueblos. De lo que se trata es que hay que escuchar a las personas, no manipularlas para que digan lo que queremos oír. Hay que oír, sentir, pararse a hablar con ella. Porque Puigdemont y mi abuelica de Ávila, son, en definitiva, gente.

En momentos de incertidumbre no hay nada como sacar un trapo que represente todos los futuros posibles e ilusiones, que condense los sueños del mañana, aunque sea mirando al pasado. Es mucho más fácil que la gente se aferre a un trapo que a un proyecto político. Sobre todo cuando los políticos se han cagado en la política. Y es triste contemplar como a la gente, cuando ve al de al lado, no ve a un compañero de fatigas, ve a alguien con un trapo diferente. Ve a un subnormal que siente que el color de su trapo es más importante que el medio ambiente, no ve el dolor del paro, de la pérdida de libertades. No ve que en el fondo es una marioneta que agitan ludópatas desatados, desgraciadamente muy conscientes de su incapacidad. Porque cuando sabes que no quedan más manos, apuestas todo con un órdago. 

Estos días veo el derrumbe, no, la demolición de los valores, de la verdad, de todo lo que hemos logrado juntos. Y veo como la gente se arrodilla y asume el final. Asume que no hay salida digna a tanto dislate. Que se posiciona resignado, o sediento de sangre, ante la debacle que se avecina. Mirando a los lados, comprobando que el bando en el que le ha tocado luchar no es su bando, ni esa su lucha. No sirvió de nada indignarse, no sirvieron de nada las manifestaciones, las mareas, las tertulias, la democracia, ni siquiera la intrínseca hermandad de los pueblos. Como la oscuridad que sobrevino a la caída del Imperio Romano, la involución que vivimos no presagia nada bueno. Y lo más doloroso es que lo teníamos todo para evitarlo.

Si hubiese estudiado Historia, fuese famoso y hubiese orientado mi camino por otros lares, posiblemente habría diseñado una teoría que hablase del error como motor de la Historia. Porque esto es un tremendísimo error. Y un horror. Estamos pateando las montañas más obvias con las que nos hemos tropezado como especie con saña, repitiendo el relato de nuestros peores fracasos. Desde acuerdos como el CETA, que permite la desprotección del medio ambiente, al respaldo de gente como Trump, Rajoy u otros líderes inconsistentes. Hasta la Ciencia Ficción nos lleva avisando tiempo, y sin embargo vamos a embestir con este Titanic maltrecho el mismo iceberg.

Me queda el consuelo de que quizá, sólo quizá, no sea demasiado tarde. Está claro que la solución no es la salida más fácil, que requerirá de mucho diálogo, de compromiso. Y sobre todo de ilusión, que es lo primero que nos quitaron con aquello de "viviréis peor que vuestros padres". ¡Y eso en el primer mundo! Pero no sé, no culpo al mundo. Simplemente pediría que la gente supiera que siempre, siempre, siempre, hay otra manera. Que eso no nos lo quiten.

Salud & aventura.

miércoles, 18 de abril de 2012

Cosas que pasan (XV): Personas

Tú no puedes volver atrás
porque la vida ya te empuja
como un aullido interminable.
 Hija mía es mejor vivir
 con la alegría de los hombres
 que llorar ante el muro ciego.
Te sentirás acorralada
te sentirás perdida o sola
tal vez querrás no haber nacido.
 Yo sé muy bien que te dirán
 que la vida no tiene objeto
 que es un asunto desgraciado.
Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.
 La vida es bella, ya verás
 como a pesar de los pesares
 tendrás amigos, tendrás amor.
Un hombre solo, una mujer
así tomados, de uno en uno
son como polvo, no son nada.
 Pero yo cuando te hablo a ti
 cuando te escribo estas palabras
 pienso también en otra gente.
Tu destino está en los demás
tu futuro es tu propia vida
tu dignidad es la de todos.
 Otros esperan que resistas
 que les ayude tu alegría
 tu canción entre sus canciones.
Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.
 Nunca te entregues ni te apartes
 junto al camino, nunca digas
 no puedo más y aquí me quedo.
La vida es bella, tú verás
como a pesar de los pesares
tendrás amor, tendrás amigos.
 Por lo demás no hay elección
 y este mundo tal como es
 será todo tu patrimonio.
Perdóname no sé decirte
nada más pero tú comprende
que yo aún estoy en el camino.
 Y siempre siempre acuérdate
 de lo que un día yo escribí
 pensando en ti como ahora pienso.
Palabras para Julia (1979), José Agustín Goytisolo

Hoy en una clase de 2º ESO han trabajado este texto. Eran chicos del desdoble, de los que se llaman a sí mismos "tontos" y que no creen en sus capacidades. Chicos a los que muchas veces no se sabe ayudar y a los que parece que tampoco podemos permitirnos ayudar. El poema era una excusa para hablar del género poético; para mí ha sido una revelación.

Una de las preguntas que planteaban a los chavales era ¿para quién habla el autor? Es obvio que para Julia, su hija, pero también está hablando a otros hombres: "pienso también en otra gente". Me está hablando a mí. En el 79 alguien dejó un mensaje en una botella escondida en un libro de texto del futuro."Tu destino está en los demás", "tu futuro es tu propia vida" y "tu dignidad es la de todos". Tres versos que no sé si han servido a Julia, pero que a mí me dejan sin habla.

Es curioso como tres versos de un poema pueden resumir, condensar, sintetizar y alumbrar todo lo que puedes y quieres decir al mundo. Como se escapan a la memoria y al tiempo para estar en todas partes a la vez. No conocía al poeta, desconozco su ideología y su vida. Sin embargo he conectado con él porque su mensaje es desnudo y desesperado, transparente y frágil. Porque dice lo que yo quiero gritar y sólo logró a insinuar con susurros.

Dan ganas de no decir nada, de meter la cabeza bajo tierra y desistir. ¿Qué le diría yo ahora a una niña que fuera a nacer? ¿Qué está sola? ¿Qué el mundo se rige por el individualismo? ¿Qué el dinero es un fin en sí mismo, vacío y siniestro? Por eso preferimos callar entre tanto ruido, porque en el fondo tenemos miedo de lo que podamos decir.

El mundo es terrible. Todo lo que tenemos lo iremos perdiendo, es un hecho: al que tiene mucho se le dará, y al que no tiene o tiene poco no se le dará... se le quitará. Y yo, como dice Goytisolo, tengo mi destino unido a los demás. Me gustaría decir que sin mí no son nada, pero soy yo el que sin ellos no soy nadie. Sin la gente que me rodea, sin excepción. Con algunos querré compartir mi tiempo, con otros sólo les pediré que hagan lo correcto. Desde mis padres al rey.

Nos han metido en la cabeza que ésto es una competición en la que cuanto más arriba llegues más seguro podrás estar. El miedo a quedar abajo debe ser real y doloroso. Alemania por ejemplo está aplicando a España una durísima lección que puede que se lleve por delante al euro. Y no les falta razón. Después de traer al subnormal de Fernando VII a España (observen a su primo lejano pidiendo disculpas en la televisión estos días) hemos tolerado todo tipo de abusos por parte de nuestros dirigentes. Mientras otros usaban influencias, revoluciones e incluso la guillotina para tratar sus desavenencias con el poder, aquí llamábamos al atraso "El Deseado". 

Nos regocijamos en nuestras miserias -nuestro "siglo de oro" está basado en gran parte por la podedumbre de la decadencia- y vivimos sometidos al exterior. Un exterior que brilla en comparación con nuestras sombras en la conciencia nacional. Necesitamos que vengan de fuera para decirnos qué somos, cómo somos y hasta quién perdió una guerra.

No es extraño que seamos el campo mejor abonado para practicar el abuso y el expolio. Como cerdos a los que han engordado con piensos artificiales de ladrillo y crédito, ahora solitos nos metemos en el matadero convencidos de que nos lo merecemos. Aunque supiésemos lo que iba a pasar con cada bocado. Lo dijo el exministro Miguel Sebastián. "Sabíamos que la burbuja inmobiliaria iba a estallar, pero es que no podíamos pincharla..." dijo más o menos. "No podíamos". Gracias a dios el buen hombre, junto con sus compañeros de gabinete y los de los gobiernos anteriores, no sufrirán la indigestión de la crisis.

Nunca entenderé a los patriotas que no creen en la utilidad del estado. O sí. La idea de un país como España sin ningún tipo de regulación donde hacer lo que les venga en gana es la utopía neoliberal. Una reserva en Europa donde poder invertir sin trabas, hacer y deshacer. Y además un lugar donde la mano de obra no tiene ni voz ni voto porque esta vez no es el malvado imperialismo el que los ha sometido. Han sido ellos solitos incurriendo en una deuda que no pagarán jamás. 

Los países en vías de desarrollo se quitan de encima la imposición de la metrópolis. Su desarrollo es una deuda histórica que se cobran como pueden y que levantan tantas alabanzas como suspicacias. Nosotros, sin embargo, nos sacrificamos cegados por la culpabilidad. Es sencillamente perfecto, porque somos víctimas y verdugos de nuestra estupidez para regocijo de una nueva sociedad preocupada en la obtención de beneficios. Nada más.

El otro día un tipo con un negocio legal afirmaba que daba un 300% de intereses si España se hundía. Este tipo de apuestas sólo es posible en esa otra dimensión que conforman los mercados, lugares sin regulación ni control donde se puede hacer cualquier cosa. El señor que ofrecía ese negocio sólo ve variables, cifras que suben y bajan y que quedan legitimadas por el dogma económico de la obtención de beneficios.

Beneficios, eso es lo que importa. Es un juego en el que cada vez son menos los que pueden participar y en el que sobran los escrúpulos. China, la gran potencia mundial, no tiene ningún tipo de consideración por sus propios ciudadanos. Si quieren competir con él las grandes masas de dinero de occidente, tendrán que hacer lo mismo. Da iguall que ellos hayan inventado las reglas, las cambian, las retuercen y pagan el precio que sea, siempre que la factura se la cobren a otros.

Hay una gran mentira, algo que no nos cuentan. Hablan de irresponsabilidad de los países, hablan de crisis, de cambio climático, de fenómenos naturales. Pero todo tiene responsables con nombres y apellidos. El tsunami de Japón no habría sido tan grave si los señores de Tepco no hubiesen ahorrado en seguridad. El cambio climático es dañino por la indefensión de los países que lo padecen, y eso es culpa de dirigentes mundiales que se limitan a la compra-venta de emisiones de CO2 para que el dinero siga fluyendo hacia las mismas manos. La crisis se ha convertido en un negocio para cientos de personas que se enriquecen a costa de millones. Y la irresponsabilidad de este país tiene nombre y apellidos en cada uno de nosotros, sí, pero en diferente medida. Directivos de cajas, políticos (miles), constructores, banqueros, empresarios. 

Aquellos que defienden los sacrificios en el altar de la austeridad afirman que "hemos vivido por encima de nuestras posibilidades" y que "el sistema es insostenible". Pero eso sólo lo puede decir el que puede permitirse esos sacrificios; los que no están desesperados. Ser pobre es como que te caiga un rayo. Esa es la gente a la que le sale más barato y sencillo amputar que buscar soluciones y alternativas. Y, aunque sean menos, hablan por la gran mayoría.

Nuestro mayor problema es que aquí, como en el mundo, no somos conscientes del expolio que supone lo que estamos viviendo. Mientras viajamos al pasado de la mano de carcamales como Margallo y Wert o dinosaurios mentales como Gallardón, lloramos nuestros pecados y no hacemos nada contra los verdaderos culpables. Al contrario. Mientras pagamos y nos debilitamos, los hacemos más fuertes a cambio de un "lo siento, no volverá a ocurrir". Rajoy, al igual que Fernando VII, era el deseado. Al igual que él es un auténtico Felón.

Cada día que pasa me voy dando más cuenta de dónde estoy metido. No van a venir a salvarnos. El mundo está loco, y pese a que vivimos intercomunicados y contínuamente informados, estamos aislados. Nuestro destino, nuestro futuro y nuestra dignidad es un recortable para esos entes vacíos que sólo consideran el dinero como fin objetivo. Nihilistas que viven en una trepidante apuesta al todo o nada con cifras mastodónticas para los que parar significa la muerte por impacto de realidad.

Tengo 27 años. Al igual que muchos conciudadanos, que muchos países y parece que la raza humana, he tomado una gran serie de decisiones erróneas. No sé si habré sido más cobarde, más ingénuo, más tonto o simplemente un paradigma del joven español y vago. Estudie filosofía y periodismo. El periodismo está herido de muerte, como lo está la verdad, y la docencia, mi segunda vía de escape, muere estrangulada a la misma velocidad que crece su importancia. Antes pensaba que no podíamos quejarnos porque mis abuelos habían vivido una guerra fraticida. Que ésto no era nada. Y no me quejo. Pero ahora sé que yo ya he perdido mi guerra.

En un mundo donde todos somos cifras y han robado el derecho a una vida que merezca la pena ser vivida, en el que ha muerto la solidaridad y la justicia; en un mundo donde nada es suficiente y en el que no hay lugar a la esperanza, hago mías las palabras de Goytisolo. Porque aunque me enseñen cifras, sólo veo personas personas personas personas personas personas personas personas personas personas personas personas personas personas personas personas personas personas personas...

¿Qué le voy a decir a mis hijos? ¿Qué le voy a decir a mi sombra cuando me mire en un espejo? Sólo puedo decir como el poeta que aún estoy en el camino. Goytisolo se suicidó en 1999, nunca me lo podrá decir.

Salud & aventura para el que se lo pueda permitir.

martes, 22 de febrero de 2011

Cosas que pasan (XVII): Nosladamus y los peces que mueren de sed

El médico y ocultista judío Nostradamus.
Nostradamus habría tenido un presente brillante en la actualidad. Tendría más materia prima para sus profecías que Tele5 en un asesinato múltiple entre famosos para alguno de sus programas (o para casi todos). El único problema que tendría sería discernir entre sus inventos, visiones y la pura realidad. Los grandes teóricos de la información, y también algunos de nuestros vecinos, afirman que el mundo sigue igual que siempre, tal vez algo mejor, pero que los medios de comunicación magnifican todo al traérnoslo a casa a la hora de comer por la televisión. En el siglo XVI, con la peste bubónica y tal, posiblemente nuestro entrañable y profético francés tuvo que estrujarse el cerebro para imaginar un futuro desolador.

De todas formas el mundo de la profecía no es tan complejo. Todo está abierto a la interpretación de las generaciones venideras. Es como el tema de los horóscopos. Todos son iguales, pero sin embargo acomodamos sus mensajes a las sensaciones de ese día en concreto. Si tienes un día de mierda, o te lo ratifica o te abre una puerta a la esperanza. Si no, siempre puedes mirar otro horóscopo. 

Además, cuando quieres predecir algo, tienes que contar con que muchas cosas son cíclicas. Siempre hay terremotos, como el sufrido recientemente en Nueva Zelanda. O incendios, inundaciones, huracanes y hasta volcanes. El clima tiene sus ciclos, en muchos casos predecibles con mayor o menor exactitud, y sus resultados impredecibles. Esto nos deja que, con una previsión a tiempo infinito -contamos con todo el tiempo del universo-, podemos acertar casi siempre. Incluso la física cuántica, con todo el tiempo del mundo, nos dice que acertaremos siempre.

Luego está la naturaleza humana. Puedes esperar cualquier cosa de cualquier persona. O eso dicen. Estoy convencido de que nos han metido en la cabeza que todo es una mierda para que, mientras todos nos hundimos voluntariamente en ella, unos pocos disfruten de las muchas cosas buenas que ofrece la vida. Y esto se consigue porque tenemos una memoria muy frágil. Sólo así puede existir gente que viendo lo que pasó con Rumasa  no viera ninguna similitud con Nueva Rumasa. El drama que se escondé detrás de la estúpida pantomima de los Ruíz-Mateos es terrible. Miles de personas sin su dinero y sin un emepleo, mientras que este abosceno vividor tendrá en algún paraíso financiero millones para su jubilación de él y sus 13 hijos.

Cuando hay que hacer una apuesta por el futuro siempre hay caballos ganadores y caballos perdedores. Ruíz-Mateos es un caso de caballo ganador, como Fabra o Camps. Gente que haga lo que haga no pierde ni la sonrisa ni la poltrona. Otros siempre lo hacen todo bien, como los grandes ejecutivos y sus bonos. Y otros que siempre pierden, que debemos ser todos los demás. No es que nos manipulen, es que nos manipulamos nosotros solos. 

Creamos necesidades artificiales como cambiar de móvil, tener zapatos a juego con toda la ropa de nuestro armario o comer palomitas en el cine. Es fácil acertar que una moda va a triunfar cuando se está trabajando en ello. Pero son trampas para inflar nuestra caricatura en los espejos, porque cuanto más tenemos más feo resulta luego todo, también más predecible. O morimos, como un joven letonio a manos de un policía y doctor de derecho, tras pasarse toda la película comiendo palomitas. Como la justicia nos ha abandonado, el agente y doctor de la ley decidió tomársela por su cuenta. Desenfundó su pistola y resto un nombre más de la lista negra de los amantes del cine.
El de la derecha está masacrando a su pueblo y el de la izquierda ha sido acusado de prostitución de menores mientras los demás miran. Reunión de "líderes" mundiales. 
Aunque siempre hay lugar para la sorpresa. Eso deben estar pensando los tiranos del mundo árabe tras las revoluciones de Túnez y Egipto. Mientras los sátrapas depuestos están muriendo lejos de su hogar, los que quedan están dando motivos de sobra para seguir su camino. El máximo exponente de esto último es el amigo de occidente Muamar al-Gadafi, que venía con su jaima hace bien poco a hacer negocios. Ahora asesina a su propia gente con nuestras armas. Ahora está saboteando las instalaciones petrolíferas que compraron esas mismas armas y de las que dependemos en Europa.

Pero no sólo de sátrapas africanos vive el hombre. Al último neandertal y primer ministro de Italia, el caballero Silvio Berlusconi, le van a hacer un "Alcapone". Parece que, tras años de abusar de su país y de la paciencia internacional, va a ser juzgado por abuso de poder y prostitución de menores. Tres serán las juezas que decidan qué hacer con él, mientras en la calle parecen tomar conciencia de quién ha estado dirigiendo los designios de Italia los últimos años. ¿Nos daremos cuenta los demás?

No, aquí somos más ingenuos. Hoy 2.500 científicos han hecho llegar a la Moncloa una carta en la que se pide un "Pacto por la Ciencia". La súbida del precio del petróleo ha supuesto un gasto adicional de 6.000 millones de euros, lo mismo que destinamos a I+D+I. Con la que se está liando en el Magreb, podremos despedirnos de las partidas de Educación y Sanidad mientras millones de personas se congregan para ver Tele 5 y sus productos basura. Pero ya lo dice Paolo Vasile, es lo que la gente quiere.

Y si no, siempre queda la sutileza. Mi amada Fuencisla, Condesa consorte de Murillo y Espe para los "amigos" -si los tiene-, ha decidido llevar un paso más allá las teorías más radicales de los neocon. Ha sido operada de un cáncer de pecho por el sistema público de salud madrileño al que lleva intentando privatizar varios años. ¿Habrá reconciliación? Teniendo en cuenta que no ha tenido que hacer lista de espera como todos los demás madrileños, todo apunta a que sí. O es una argucia para ganar aún más votos de los fieles madrileños, que verán en ella a una superviviente de la sanidad pública y se convencerán de que, aunque los hechos digan lo contrario, ha trabajado mucho por la sanidad madrileña.

Nada más lejos. De aquí a tres días descubrirán que se han olvidado un bisturí en el interior de su pecho y una infección masiva acabará con ella. De superviviente a mártir, los madrileños saldrán a la calle para acabar con la sanidad pública, gasto innecesario por su poca eficiencia. Los ingleses, que son más prácticos, tienen un Primer Ministro dispuesto a privatizar todo el sector público menos las fuerzas de seguridad y la justicia. En eso vamos por delante, porque nuestra justicia no sirve para nada.

Si Michel de Nôtre-Dame viviese en estos días elegiría otro nombre profesional. Y sé que es un chiste fácil, pero no deja de ser cierto. Nos han enseñado a quedarnos de rodillas ante lo negativo, pero nadie nos dice qué se ve al estar de pie. Uno se cansa de estar siempre en la casa de terror del parque de atracciones que es la vida. De tenerlo todo, pero tenerlo encima, aprisionándote. Del esperpento de Valle-Inclán.

Dicen que a este paso se acabará el petróleo, que las ondas de los móviles y el wi-fi acabarán con nosotros, que seré pobre y que, en mi lecho de muerte, no habrá ninguna certeza. Que nos la damos y que, por eso, confiemos en los peores, en los ladrones y tiranos. Que les demos nuestra libertad, nuestra dignidad y la vida, porque las perdimos hace tiempo. Pero algo nos dice que eso no es cierto.
Porque somos peces que se mueren de sed, para nuestra incredulidad.

Salud & aventura.


PD: Está feo, lo sé, pero en el Politikón continua mi visión histórica de la filosofía.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Cosas que pasan (XVI): Ruido


"No te dejará dormir este estrépito infinito". Así comienza una canción de Ismael Serrano que ha iluminado una idea que me ronda constantemente estos días. Estamos rodeados de ruido, de un ruido ensordecedor y continuo. Un molesto estrépito, una lacerante histeria que arremete contra nuestras neuronas y nuestros ánimos. Y no sé si mis oídos padecen de ceguera o es que, simplemente, me estoy perdiendo algo.

Nunca me había sentido tan asfixiado como ahora. Ni siquiera en los tiempos del "odio en las ondas" de Jiménez Losantos y compañía. Allí no existía el honor, pero se distinguían los bandos. En un mundo en el que cada vez es más difícil encontrar una identidad propia, muchos sobrevivían -y sobrevivíamos- en la "identidad a la contra". Cuando tu equipo naufraga, es triste el consuelo de ver cómo los contrarios van peor. Pero hasta cierto punto consuela.

Ahora, sin embargo, el ruido no me deja enfocar. La gente cree que por fin ha descubierto los negocios sucios de los estados, los secretos de los poderosos y que de una vez por todas vamos a saber quién controla el tinglado y, más importante, cómo. Sin embargo algo me dice que nosotros no hemos descubierto absolutamente nada. Simplemente se han manifestado por propia voluntad las alcantarillas de nuestra sociedad. ¿Por qué ahora? Sencillamente porque no existe alternativa. Ya es una parte de todos nosotros.

La crisis económica es fruto del falso crecimiento económico, paradigma de progreso y meta última de la sociedad. Nos dio igual sacrificar la familia, el medio ambiente u otras vidas humanas para conseguir cumplir los sueños con los que nos bombardeaban las omnipresentes pantallas. Y, misteriosamente, el mayor crecimiento económico fue a residir en los productos más abstractos -la Bolsa, los Mercados y la Banca- de la cadena de producción. El sudor en la frente pasó a ser el último y menos valorado elemento de una cadena que se inflaba hasta el paroxismo. Las plusvalías generadas por los olvidados empezaron a sostener un sistema insostenible.

La subordinación de la meta vital a la economía provocó también la subordinación de todas sus facetas. El Arte y la Cultura han perdido sus límites y cualquier cosa es susceptible de ser comprado o vendido por sumas arbitrarias, como ha demostrado Bansky en su película "Exit Trough the Gift Shop". El Deporte vive sus horas más bajas debido a la exigencias extradeportivas. ¿Por qué digo ésto? Porque en el deporte profesional no prima la superación personal, sino el espectáculo. Y no hablo del dopaje en atletismo o ciclismo, también hablo del fútbol. Allí donde antes había pasión y competitividad, ahora sólo hay un frío y calculado baile de cifras millonarias. No nos engañemos, el fútbol también se muere.
Fotograma de Ciudadano Kane
Pero a mí me preocupa más el mundo de la Comunicación. La información siempre ha tenido dueños, ya que no todos han asumido el compromiso y el riesgo de dedicarse a su ingrata tarea. Siempre ha habido un punto de vista en toda información y un fin al que iba dirigida. Muchas veces era la influencia política, de ahí que se le llamara "Cuarto Poder". Aunque parezca mentira, considero esto último necesario porque lo contrario es imposible. Habrá quien use la información para fastidiar al contrario, pero hay quien busca abrir los ojos de la gente. Los puros hechos, sin una mente inquisitiva, no existen.

En la actual "Sociedad de la Información" se jactan de la objetividad, del compromiso con la Verdad y con el Ciudadano. Y la verdad es que el Cuarto Poder depende del dinero, igual que todos nosotros. El espectáculo, el entretenimiento y el sensacionalismo inundan los medios informativos para captar a la audiencia y así obtener ingresos económicos. Y no nos engañemos. La saturación de noticias sobre la crisis, la economía, las catástrofes y los maltratos no son mero interés informativo. Es un producto que vende y, como tal, nadie se atreve a lanzar nuevos productos al mercado ante el riesgo de perder. La competencia es implacable.

Está prohibido perder. Por eso mantienen un continuo flujo que diluye el mensaje original en la marabunta informativa. Se genera un ciclo por el cual el periodista busca la información que pueda interesar al ciudadano, lo que a la vez genera un interés en el ciudadano que demana al periodista. Si el objetivo final es aumentar los beneficios, o simplemente sobrevivir económicamente, el ciclo se subordina a otra cosa que no son ni periodistas ni ciudadanos, perdiendo ambos. Que la telebasura bata records de audiencia no sólo dice mucho sobre nuestra televisión. Lo dice todo sobre la gran mayoría de los espectadores.

La economía, el consumo o el beneficio no es malo. Lo malo es la búsqueda del éxito material sobre todas las cosas. No creo que la avaricia y el egoísmo sea común a todos los hombres, porque no todos somos iguales. Al igual que hemos superado otras limitaciones, podemos hacer frente a las sombras de nuestra naturaleza. El problema es que hemos estado haciendo caso a aquellos que apostaron decididamente por la visión pesimista y rastrera del hombre, posiblemente desde siempre. La pérdida de valores ha generalizado la concepción del hombre como pecador, sujeto a las más bajas pasiones. Por eso, aunque siempre hubiese pasado, los santos cada vez se sintieron más impunes a la hora de pecar.
Afectados en Gran Canaria por la huelga de controladores. Foto de Ángel Medina G/EFE. vía 20minutos
Lo que comenzó siendo un murmullo ahora resuena por todas partes. "El mundo es una cloaca" exclama. Y nosotros compramos el discurso y nos disponemos a disputarnos los restos, como buenos habitantes de alcantarilla. Situaciones como la vivida por los controladores lo demuestran. Me da igual que todos sean culpables en diverso grado: los sucesivos gobiernos que no se encargaron de la falta de controladores y de la posición privilegiada del colectivo; los controladores por haber abusado de la situación durante años y huir hacia delante frente los intentos de regularización. No vale todo.

¿Quién sale perdiendo? El país en el que vivimos todos. Me da igual que no te guste el barco en el que nos ha tocado navegar juntos, pero no te cagues dentro. Por desgracia el terreno estaba ya abonado. Llevamos un par de años sentenciados a pagar los platos rotos de la Banca y el Mercado. Mientras en Irak les tocó sufrir la Guerra -no envidio su suerte-, a nosotros nos toca pagar facturas multimillonarias. Para hacerlo tendremos que desmontar el estado del bienestar. ¿Para qué lo necesitamos? Total, ya no hace falta camelarnos para sacarnos lo que queremos, lo pueden hacer directamente.

Da igual que existan otras recetas, hace tiempo que no manda nadie sobre nuestros destinos. Sólo importa tener un saldo positivo y, con cuantos más ceros, mejor. El sistema está tan interiorizado que jamás pensamos en una alternativa. "El mundo es una cloaca" es el mantra de nuestros días. El último heraldo en sumarse al coro del pesimismo es Wikileaks, destapando toda la podedumbre que habíamos imaginado. Algunos lo ven como la salvación de la libertad de prensa, como el advenimiento de la verdad absoluta. A mí me parece una excelente manipulación. "Desconfía de tus gobiernos, desconfía de todos" viene a decir. Cuando los estados están claudicando al monstruo que creamos con los Mercados, aquí llega su puntilla.

Es extraño comprobar como la gente se indigna con cosas que ya sabía pero no quería reconocer. Es más, todos hemos dado por sentado que los cables diplomáticos son algo más que informes rutinarios realizados por diplomáticos más o menos aburridos. En cualquier empresa hay gente que dice cosas peores sobre su competencia -o sobre cualquier otra cosa-. Lo importante es el ruido mediático que han generado las filtraciones, convirtiendo a Julian Assange en poco menos que el nuevo mesías, declarándose la primera ciberguerra a nivel internacional. A nadie parece importarle que el señor que destapa información confidencial de los gobiernos sea completamente opaco, pese a gustarle estar frente a los focos. Lo mismo decían de Jesucristo.
Julian Assange.

Tampoco nadie se pregunta como es que a nadie se le ocurrió antes. Buscar gente desafecta con su trabajo en puestos vulnerables y destapar grandes secretos. Muchos han muerto por hacer su trabajo. ¿Es éste un caso con demasiados focos? Anna Politkovskaya o Litvinenko contaban con atención mediática y nada impidió su asesinato. En los últimos 10 años casi han muerto 1.000 periodistas asesinados. Dando la cara para mucho más que las fotos. Supongo que ellos fueron tontos y Assange muy listo.

Hoy, después de meses de subida continua del precio del combustible, ha subido el del petróleo. En el contexto actual eso sólo beneficia a las economías emergentes, que no a sus países. Es sólo una nota discordante más dentro del pandemónium. Y seguirá aumentando porque, por ejemplo, ya existe competencia para la empresa de destape de Assange, OpenLeaks. Si primero fue la información confidencial de los estados, ¿quién nos dice que no será ahora la nuestra? "No sólo lo que te rodea es una mierda, tú también amigo".

Lo peor de todo es que nadie gana. Ni nadie nos va a venir a salvar ni hay un genio malvado detrás. Simplemente erramos el camino. Posiblemente padezcamos sordera después de todo este estruendo que nos haga insensibles a lo que esté por venir. No nos engañemos, todas las cosas buenas que hemos logrado no tienen por qué desaparecer por decidir cambiar las cosas. De hecho, ya nos las están quitando. Pero la cacofonía de nuestros tiempos pesa más sobre los corazones que la búsqueda de un nuevo camino. ¿No hay alternativa?

Yo no me rindo. Como señala la canción de Ismael Serrano en su estribillo: Si se callase el ruido, quizás entenderías que nos queda la esperanza.

Salud & aventura

martes, 9 de noviembre de 2010

Cosas que pasan (XV): Miedo

George Walker Bush piensa en parte de su legado: la Guerra de Irak

No fue él. Le obligaron. "Yo no quería ir a la guerra de Irak", afirma. "Había gente que no quería ir a la guerra y yo era una de las voces disidentes. No quería usar la fuerza. Le quería dar una oportunidad a la vía diplomática", afirma George el diplomático. Pero sentencia: "No decidí empezar la guerra en Irak porque lo dijera [Dick] Cheney. Yo era el que tomaba las decisiones".

Bush ha escrito sus memorias para mostrar su lado más humano. Se arrepiente de no haber bajado del avión en Nueva Orleans después del Katrina y asegura que siente náuseas cuando piensa que no encontraron ni una sola arma de destrucción masiva. Y eso que se usó la tortura para encontrarlas, cosa que no le parece mal. "Y añadí, ¿las técnicas son legales? Y ellos me dijeron que sí. Así que yo les dí permiso para usarlas". Al menos, esta vez, además del desprecio a las vidas humanas sí que intentó respetar la legalidad.

La sensación general es que George Walker Bush fue una marioneta patética en las manos de grandes intereses ajenos a los deberes del buen gobernante. Fue el hombre más poderoso del mundo pero su legado es oscuro. No puedo dejar de sentir miedo y pena por esta circustancia: la "mayor democracia del mundo" vive secuestrada por personas sin nombre y es manejada por manos realmente invisibles.

Sólo hay que ver la triste realidad a la que se enfrenta el presidente estadounidense Hussein. Ni la calculada retórica, ni las políticas sociales, ni su imagen conciliadora y dialogante han podido con la cerrada idiosincrasia del país de las oportunidades. Los más conservadores entre los conservadores le han arrebatado el Congreso. Y no le han quitado el Senado por el radicalismo de algunos candidatos -como la bruja O'Donnell-. ¿Qué ha fallado con la promesa keniatohawaiana? Su muestra de humildad -"ha sido una paliza"- y su intención de tender puentes para el diálogo es un claro síntoma de su defecto. No quieren alguien educado y con una visión global. Quieren un americano. Para ellos eres demasiado bueno, Hussein.
La verdadera américa: manifestante del Tea Pary exhibe su pancarta: "Hemos venido desarmados... esta vez". Intereconomía tiene mucho que aprender.

EE.UU es mucho más que lo que enseñan sus omnipresentes medios. Lo que se empeñan en enseñarnos es la visión norteamericana de las costas este y oeste, donde se concentra gran parte de la industria cultural de su imperio. La norteamérica profunda, conservadora, individualista, salvaje incluso, nos es desconocida. Norteamérica es un país dividido entre la visión pragmática, siempre adelante -Silicon Valley, el MIT, Harvard, Hollywood o Wall Street- y una visión conservadora, temerosa y agresiva.

Esto no es nada nuevo. Sin embargo, las circustancias sí lo son. Recientemente Forbes declaraba a Hu Jintao -líder chino- como el hombre más poderoso del mundo adelantando al norteamericano. Hussein no sólo se enfrenta a la falta de identificación con sus gobernados, también a una crisis global y al auge del gigante chino y otras potencias. Los países "emergentes" han descubierto que en el "nuevo mundo", para medrar, hay que hacerlo sin hacer mucho ruido.

De ahí la alergia de Marruecos a permitir la entrada de periodistas no adictos al régimen en El Aaiún. Los saharauis llevan 30 años intentando sacudirse el colonialismo impuesto como hicieron antes muchas otras colonias de África. Entre la inoperancia de España y la silenciosa opresión marroquí, la herida es una úlcera que parece no tener solución, y ya suenan los tambores de guerra. La potencia del norte de África tiene a los Estados Unidos de aliados, y me pregunto, ¿qué le importará al ciudadano medio de Kansas lo que pase en el Sahara? A él nada, pero a ciertos señores invisibles puede que les interese que sea el mayor yacimiento de fosfato del mundo.

El mundo va bien, pero está cambiando. Y la gente reacciona. Todas las democracias están sufriendo cambios de gobierno, en muchos casos hacia la extrema derecha. El miedo a perder el status quo lleva al conservadurismo. Yo lo veo en mis propias actitudes, porque muchas veces tengo que esforzarme en ser tolerante. Cuando hay abundancia es mucho más sencillo ser generoso. Y esto es instintivo y humano. El problema está cuando se aprovechan de la circustancia. Nuestro miedo a perder paradójicamente se está traduciendo en una progresiva pérdida de derechos, libertades y logros. ¿A quién le interesa?
Disturbios en Londres. vía ecodiario.es

En Londres los estudiantes han asaltado la sede del partido conservador -tory-. La razón es el aumento expectacular de las tasas para los estudiantes, que se van a duplicar y en algunos casos triplicar. Aunque es cierto que el sistema inglés es insostenible, Cameron logró ser el jefe de gobierno inglés debido al desgaste de los laboristas y la promesa de reformas efectivas que serían sensibles con la ciudadanía. Pero nada más acceder al puesto pidió públicamente disculpas porque tenía que cambiar todo su programa. El ajuste más duro en una generación, sólo comparable con el de Tatcher, es un hecho en Inglaterra.

Y no digo que las reformas no sean necesarias. Subida de impuestos, reducción del ejército, recorte del bienestar, despido de medio millón de funcionarios... Pero a ver quién lo dice abiertamente. Posiblemente el que lo diga no gane, por eso "grandes" líderes como Mariano R. Brey se muestran cautos. Afirma que el plan de Cameron da confianza y que piensa hacer algo similar en España, pero si le preguntan sobre medidas como la de cargarse medio millón de empleos públicos responde a la gallega: "No he entrado en el detalle de cuáles son los empleos públicos que quiere suprimir". Supongo que los funcionarios del registro de la propiedad son prioritarios aunque hagan un trabajo innecesario.

Ese ente omnipresente y todopoderoso que es el "Mercado" nos marcó las directrices de progreso que debíamos seguir si no queríamos quedarnos atrás. Por eso igual todo esto estaba programado. Como señalan los profesionales del catastrofismo, "lo peor está por venir". Mientras el miedo nos haga ceder más y más, seguirán azuzando. Y mientras, poco a poco y sin hacer ruido, los países "emergentes" toman nota. Con una diferencia: ellos ya están curados de espanto.

Miren a China.


Salud & aventura.


miércoles, 22 de septiembre de 2010

Cosas que pasan (XIV): Etiquetas


El otro día me reencontré con antiguos amigos y excompañeros de la carrera. Joan vino desde Barcelona, donde se las apaña trabajando de documentador para exposiciones de arquitectura, tema que le viene de familia. Madita, que es holandesa, y Dani, que es manchego, viven aquí tras conocerse en la universidad. Tanto les ha marcado esta tierra que su hija, Carlota, es una navarra de pelo rubísimo y ojos azules. Ella trabaja de encargada en una tienda y él está becado mientras saca adelante su doctorado. Le viene de familia ya que su padre, que es inglés e hijo de irlandeses, es académico y ciudadano de universidad. Les va bien, eso es lo importante. Lo demás, son etiquetas.

Mientras esperaba el reencuentro decidí sentarme en un banco delante de la parroquia de San Lorenzo, donde se encuentra la capilla de San Fermín, patrón de las fiestas pamplonicas. A mi izquierda se encontraba sentado un caballero bien entrado en años, vestido con un traje y corbata impolutos de color negro. La camisa, por contra, era blanca reluciente. Llevaba el pelo, gris como las nubes del cielo, peinado con esmero y poco acierto hacia atrás. La barba estaba mal afeitada, no por descuido o dejadez, sino por la imposibilidad de hacerlo mejor con aquellos ojos nublados. Lo que me llamó la atención fue la atípica nota de color que pendía de su pantalón. Un gran llavero redondo en el que, detrás del escudo de España, se encontraban los tres colores de la bandera republicana.

Pero todo lo anterior son etiquetas. Las campanas anunciaron la misa de las 8 y media y, el hombre con mucho esfuerzo, se puso de pie. Con dificultad, pasito a pasito y buscando el equilibrio, que diría Fito, se dirigió a la puerta de la iglesia, bajando con dificultad los peldaños hasta perderse en el interior. No entró mucha gente más, pero me pareció curioso. Aquel hombre podría estar despidiendo a su mujer o un amigo, o rememorando su muerte -y su vida-. O simplemente, ir a rezar. La guerra, las banderas y la teoría de la evolución se convirtieron en etiquetas, porque sólo importaba que aquel hombre entró con una sonrisa.
En la universidad donde estudia e investiga Dani ha venido un argentino afincado en Chile. Casado por lo civil y ateo, llama la atención que hayan requerido sus servicios en una universidad del Opus. Siendo un hecho novedoso, Dani se lo trajo con nosotros. No recuerdo su nombre, pero le guié hasta la casa donde dormía porque, al llevar dos días en Pamplona, no sabía orientarse. Con buen argentino era buen conversador y charlamos de todo un poco.

Me dijo que estaba alucinado con la prosperidad que había en Pamplona ya que en los medios de latinoamérica se hablaba de crisis, quiebra, recesión... Pero su Argentina sí que había vivido aquello y, de momento, parecía que aquí no estábamos tan mal. Reflexionamos sobre a quién le interesaría la exageración de la situación dentro y fuera de nuestras fronteras. También me hizo pensar qué información estamos recibiendo.

El hombre también se sorprendió de la falta de cohesión del estado, de los nacionalismos y la división política. "¿Por qué los españoles no quieren serlo?" se preguntaba. Yo le expliqué que desde la ocupación francesa los españoles habíamos estado en guerra con nosotros mismos. Por no aceptarnos y por no aceptar lo de fuera. Que la cumbre de ese conflicto fraticida había sido la guerra civil y que su supuesto epitafio había sido una transición hacia ninguna parte. "Se dijo que todos íbamos a empezar de cero pero los vencedores venían de 40 años de victoria y los derrotados de otros 40 de derrota", intenté resumir. "¿Pero no existió reparación?", preguntó el argentino. Y pensé en los muertos de las cunetas, sin poder ser recordados en paz; en los hombres mutilados en sus conciencias, encerrados en las minas; en los que obtuvieron sus futuras riquezas de la sangre y el escarnio de los vencidos, cuando no directamente de la expropiación. "Al parecer, no es necesaria", le tuve que contestar y él, claro, no daba crédito.
La tranisción.
Tras el tema de la España dividida me preguntó por el terrorismo. Me confesó que había preguntado antes de venir por las precauciones que debía tomar y el nivel de riesgo que corría. Recordaba la bomba de ETA en la universidad hacía poco más de un año y que sentía miedo. Pero que al llegar no había visto ni militares ni presencia policial numerosa. "El indepentismo vasco se basa en una bandera inventada (la ikurriña o 'bandera', obra de Luis Arana), en un idioma inventado (el euskera batua o euskera unido), una historia mitificada y un sentimentalismo romántico basado en el victimismo ante un estado opresor", intenté explicar con rapidez. Él me cuestionó acerca de dónde se aplicaba esa opresión, a lo que no supe contestar. "El euskera se puede hablar con normalidad y las ideas independentistas, mientras no se apoye la violencia, están socialmente aceptadas. Supongo que se trata de que no puedan constituirse en un país independiente. Aquí hay más autonomía que en algunos landers alemanes y mucha más que en Irlanda del Norte, pero siempre se quiere algo más".

"¿No hubo guerra contra los vascos?". No, sí cierta represión cultural durante el franquismo. Pero los vencedores van contra la cultura en todas partes, siempre contra la que no es la suya, y eso pasó en todo el país. "¿Existió un estado vasco?". No, lo más parecido fue el Reino de Navarra que en 1841 pasó a ser provincia de España. "¿Pero entonces, por qué País Vasco y Navarra están separados y por qué no es Navarra el referente del independentismo?" Porque Navarra y País Vasco tienen trayectorias distintas, ya que el País Vasco formó parte de Castilla. Y llevan la batuta en Euskadi porque Sabino Arana nació en Vizcaya. "¿Y no tienen todo en común?" Ciertamente, sí. La tridición y la cultura euskaldún, así como la raíz del idioma, el vasco, es conjunta. Incluso la comparten con Iparralde, la zona norte, que pertenece al sur de Francia. "¿Y en eso no se ponen de acuerdo?". Por desgracia, tampoco. Al mezclar cultura y política se va todo al carajo.


Euskal Herria o la tierra del Pueblo Vasco. vía euskosare

"Entonces, ¿por qué matan?". Y ahí no supe bien que contestar. Le dije que en sus inicios, en el seminario, ETA luchaba por castigar la represión franquista de su tierra. Más que terrorismo, eran como guerrilleros, o esa justificación se daban. Pero que ahora sólo son asesinos y mafiosos que han perdido el norte. Que hay una masa social de gente que los apoya, basado en un teórico independentismo vasco, pero que a mí la Historia me parece más fiable para construir naciones, que la violencia es estéril y el miedo mal comienzo para cualquier proyecto. "¿Y por qué les apoya la gente?". Ya no me quedaban más etiquetas.

Salud & aventura.

PD: todo lo expuesto es cierto (el reencuentro, el anciano, el argentino) pero mis opiniones son sólo eso, opiniones. Yo le intenté argumentar conforme mis conocimientos y experiencias. Le advertí que me dejaba muchas cosas en el tintero y que muy posiblemente se encontraría con gente que le explicase con mayor exactitud y, a lo mejor, de forma opuesta, estos problemas. El ponerlo por escrito, sin embargo, me reafirma en mis convicciones. Espero que nadie me acuse de "intoxicar" al pobre argentino. No lo hice mucho más que la prensa de su país. Y el mío.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Cosas que pasan (XIII): Que me sabe a libertad...

Sócrates.

Sócrates dijo una vez una verdad, necesaria para la filosofía y, por tanto, para la vida en general. "Sólo sé que no sé nada". Últimamente le doy muchas vueltas a esto porque, el mundo entero y la realidad, están interconectados y yo, porque lo valgo, los conecto como quiero. Y me acucia la sensación de querer hacer muchas cosas y acabar haciendo ninguna. Mi cabeza anda espesa y mi voluntad se bate en retirada.

La máxima socrática no es en ningún caso un alabanza a la ignorancia. Simplemente señala la certeza de que la búsqueda de un mayor conocimiento generará siempre mayores incógnitas. El intento de satisfacer de forma completa todas nuestras dudas no puede desembocar en otra cosa que no sea el fracaso. Pero por limitación humana y cognoscitiva, no por debilidades en la voluntad. Y eso, por supuesto, no debe hacernos desistir de la búsqueda de conocimiento y progreso; nos debe enseñar que el objetivo debe ser agrandar el horizonte y no cercar a la verdad.

No sé dónde escuché por primera vez aquello de "el que mucho abarca poco aprieta". Lo cierto es que tipos como el artista e inventor Leonardo da Vinci, el multidisciplinar inventor Thomas Alva Edison o el filósofo y matemático Bertrand Russel -ganador de un premio novel... de literatura, a la izquierda- son unos pocos ejemplos de personas que tocaron y tocan con éxito varios palos con notable éxito.

Para mí tener un dominio en alguna cosa me cuesta horrores y por eso me llama la atención aquellos que consiguen hacer miles de cosas y cultivar muchos saberes con un acierto notable. Lo que más me preocupa es dónde se encuentra toda esa gente a la hora de la verdad. Serían guías excelentes en esta isla de ciegos que a veces semeja nuestra península y, por consiguiente, el continente entero.

Tendemos siempre a criticar a los políticos, a los jueces y a los que mandan en general. Cualquier tipo de autoridad impuesta nos crea sarpullidos. Todos sabemos qué está bien y qué está mal, y elegimos a nuestra discreción. Somos capaces de conducir nuestras vidas nosotros solitos, sin que nadie nos diga cómo hacerlo. Ni, por lo tanto, nos ayude. Nosotros sabremos respetar la sociedad porque somos hombres libres y maduros. Y el que no quiera -o pueda-, que se las apañe como pueda.

Todos en el fondo queremos vivir a nuestro aire, amparados por un estado que proteja lo que nos resulta simpático y censure, por contravenir nuestra libertad, aquello que nos resulte molesto. Por supuesto, no todos podemos permitirnos estos lujos. La humanidad, que más o menos considero una, está expandida por todo el globo bajo diferentes yugos y condiciones. Un chino puede quejarse de sus políticos, jueces y demás autoridades con mayor dureza.
Un español de bien intenta buscar un vídeo que insulte al presidente. Ah, no. Vía caglecartoons.com
Y es que, ser liberal y sobrevivir en el intento, sólo se lo pueden permitir unos pocos. Por ejemplo aquellos que arriesgan su dinero -y el nuestro- en arriesgadas operaciones financieras sin ningún tipo de regulación oficial, y que, cuando pierden, exígen ser rescatados sin pagar nada a cambio. O montar una plataforma petrolífera sin planes de respuesta ante un posible accidente y luego evitar responsabilidades.

Pero no hace falta irse tan lejos. Aquí tú puedes pedir a la justicia que deje limpio a tu amigo y ofrecer contrapartidas -¿alguien dijo prevaricar?-. Puedes conseguir que la Justicia se quite la venda y corra como nunca para evitar que un juez pueda mantener su dignidad durante el transcurso de varios procesos irregulares contra él. Y no faltan los borregos y palmeros que claudican y rinden su sentido crítico ante estos nuevos prohombres del ente popular. Y la risa se torna en llanto cuando resulta que van a denunciar a un funcionario que ha descubierto irregularidades en su partido. Ahora es costumbre en España que el caco denuncie a la justicia.

La calle sigue siendo suya y de los suyos. Vía javierastasio

El otro día, jugando al trivial, salió la pregunta de "¿qué político español es el autor de la frase la calle es mía?". Don Manuel Fraga Iribarne, senador en activo en la democracia española y ministro franquista, de la España del aguilucho, pronunció esto durante la masacre de Vitoria de 1976. Visto lo visto, no me extraña que este señor fundara el partido "liberal" por excelencia del panorama español. Es muy fácil hablar de libertad cuando eres tú el que pone las cadenas a los demás y cuando tu libertad es dogma.

La libertad, la libertad, la libertad. No la conocemos y, sinceramente, yo muchas veces renuncio a ella. Porque no hay mayor libertad que elegir tus propias cadenas de forma consciente y comprometida. La libertad es el ejercicio responsable de nuestras decisiones, equivocándonos o no. No hay entorno más proclive a la sensación de libertad que el mar. En él no puedes hacer lo que te de la gana, más bien debes hacer lo que debes que determinación. Y encierra riesgos, conocidos y desconocidos. El mundo y la realidad están interconectados, generando un mar aún más mayor y complejo.

Una tormenta en alta mar. Sentimientos de insignificancia y libertad. Vía Mark Royo Celano
Lo ideal sería que no tuviesen que decirnos qué hacer porque ya lo sabríamos; que no hubiese policía porque nadie violentara al prójimo; que pudiésemos esperar de la justicia y la política el compromiso y la ayuda para conseguir que todos tengamos las mismas opciones ante la loca marea del mundo. Primero igualdad, luego progreso y, tal vez, comprendamos entonces de qué trata la libertad.

Todo esto no se consigue de la noche a la mañana, pero no se puede postergar. Por eso espero, pido y sueño, con que esas personas multidisciplinares, brillantes y de fuertes voluntades nos ayuden a todos a conseguirlo. Qué despierten en lo que alguno -y sabe quién es- llama neonacimiento. Porque el capitalismo sólo ha traído más incógnitas como advierte Sócrates, y este camino no ha terminado. Es absurdo refundar algo obsoleto, es absurdo estar encerrados en la misma dialéctica indefinidamente.

Nadie habló de sacrificio, compromiso y convicción. Se nos habló de libertad y, tal vez, a aquellos destinados a cambiar las cosas, realmente lo que les sabe a libertad es callarse entre tanto ruido.

Salud & aventura. Y auténtica libertad.

viernes, 26 de marzo de 2010

Cosas que pasan (XII): Don Quijote y el Buscón

Yo no sé cuándo lobotomizaron a la sociedad española con tanta eficacia y limpieza. Mi padre siempre me dice que hay mucha gente interesada en decir que la política es un nido de corruptos y que la justicia no sirve para nada. La pérdida de confianza en las instituciones genera impunidad para los que se aprovechan de ellas, ya que el fatalismo es una constante en el pensamiento español. No sólo eso, los antihéroes son nuestros personajes fetiches, como Don Quijote, el Lazarillo o el Buscón.
El éxito profesional a la española -para algunos-.
No en vano los granujas, delincuentes y caraduras son nuestros más sonados y aclamados héroes. Desde Fernando VII hasta John Cobra, pasando por Jesús Gil y la Esteban. Con políticos así, con jueces así... ¿Qué vamos a hacer? ¿Para qué vamos a ir a juicio? La solución es resignarse, tragar y buscarse la vida como Don Pablos. Aunque sea a costa de los demás y pasando por encima de todo lo demás.

La justicia es un símbolo de la asincronía que vivimos con un mundo que requiere cambios urgentes. Garzón ha tenido sus aciertos y sus errores. Podría hacer como Nacho Uría, presidente de las Nuevas Generaciones, que tras ser imputado por conducir borracho dijo, "un error no puede deshacer a un joven, podéis seguir confiando en mí", palabras que siguieron con el aplauso y apoyo unánime de todo su partido. No sirve, sin embargo, cuando un juez ejerce profesionalmente y deja ciertas vergüenzas al descubierto.
El Gal, Roldán, el caso Guerra... la corrupción en los gobiernos socialistas dejó en evidencia que se había acabado con la impunidad en los órganos de gobierno. Roldán se quedó en bolas, pero los socialistas no podrán quitarse su estigma en mucho tiempo.

Lo grave no es que Garzón sea mejor o peor juez. El error está en las semillas que se están sembrando. Cuando se destapó la corrupción del PSOE no sólo se sometió a los culpables a un proceso legal, también a un jucio mediático. Una mancha que costó votos y confianza en un partido político que sucumbió a la poltrona. Aquello significó que, tras décadas de historia de gobiernos intocables, la justicia por fin parecía hacer temblar a los poderosos. Craso error.

Aquí siempre ganan los mismos. Porque en la "plácida dictadura que vivieron mis padres y abuelos lo peor no eran los asesinatos, sino la soberbia e impunidad de la que siguen haciendo gala algunos hijos de la grandísima meretriz. La inanición de libertades, estímulos y progreso a la que nos condenaron con extrema "placidez". Y algunos se siguen extrañando de que se rechace el franquismo.
Estas personas representan una España que mucha gente, por desgracia, se ha empeñado en olvidar. No sólo perdieron una guerra, perdieron sus derechos y su dignidad. Y ya pueden seguir esperando.

Ésto no cambió con la Transición, al menos no tanto como parecía. Con la Ley en la mano juzgamos al juez y liberamos al culpable confeso, cuando es de determinado partido o ideología. Y hay quien quiere llamarlo justicia. Las escuchas telefónicas sólo valen cuando es a un terrorista o un narcotraficante, pero para pillar a un chorizo que nos ha robado a todos... ¡nunca! ¿Que el delincuente se va a la calle? Al menos se habrá cumplido la Ley. Lo que no sé es si quieren que la gente que quiere que los criminales paguen por sus castigos se tengan que saltar la Ley.

Porque no es imparcial, ya que Oreja llama terrorista al gobierno de todos, y a De Juana le alargan una condena por dos artículos que en otro contexto no llamarían la atención, Gallizo y El Escudo. Conviene leerlos fuera de la presión mediática generada alrededor de su excarcelación tras su cumplimiento de condena, para darse cuenta de que si eso cuesta 3 años de condena, lo de Oreja al menos una amonestación. Pero la corrupción jamás salpica, ni ahora con este precedente, salpicará, al PP. Cualquiera se atreve.
Con esta cara de extraordinaria placidez Mayor Oreja acercó a Iñaki Bilbao al País Vasco durante la tregua de 1998. Con esta cara de extraordinaria placidez permitió que soltaran a Iñaki Bilbao, que se benefició de numerosas reducciones de condena, en 2000. Y con esta cara recibió la noticia de que dos años después, Iñaki Bilbao había asesinado al concejal de Orio Juan Priede. Y sigue predicando.

El mensaje es claro: no se nos puede tocar. Y una señal de la gravedad del asunto es que Falange, heredera de lo peor de nuestro pasado, se querelle contra el juez que intenta juzgar los crímenes franquistas. Hay que recordar que los crímenes republicanos fueron castigados con represión, cárcel y ajusticiamiento y, después, con insidia y marginación. La Transición puso en el mismo punto de partida a vencidos y vencedores, dando como resultado una situación desiquilibrada que aún perdura.

¿Hasta y desde cuándo? ¿Cómo cogieron a una sociedad soberana de los huevos para hacer y deshacer a su antojo? ¿Por qué hay 10 millones de personas que los votan sí o sí? ¿Para cuándo una derecha como Fernando Onega? Escribe esto hoy:
"Ayer quedó claro que el garantismo de nuestro sistema legal favorece al delincuente. Es lo que está en la ley; pero es lo que permite que tantas veces resulte impune robar".
Yo prefiero ser Don Quijote.

Salud & aventura