Mariano Fernández Bermejo, hijo de un jefe local del
Movimiento Nacional, llegó al Ministerio de Justicia con un perfil claro: sería el azote de la oposición cuando los
Zaplanas y
Acebes más duro estaban pegando al Gobierno. Su paso por la Fiscalía de Madrid le había hecho ganarse esta fama. No en vano, había tenido una larga disputa con el ministro de justicia de entonces,
Michavila. Cuando Bermejo fue sustituído de la fiscalía dijo una frase que marcaría su destino:
"Luchamos contra los padres y ahora nos toca luchar contra los hijos".
Aquella frase tan elocuente para un amplio sector de la población española resultó ser paradigmática en la trayectoria del
ya ex ministro. Hijo de quien él era, aún con razón, no debió decirla nunca. Y es que Bermejo tiene el
don de la inoportunidad. Por ejemplo el perfil adjudicado. Su función era la de meter caña a una oposición agresiva y devolver alguno de todos los ataques recibidos. Aquello fue terrible para su posterior labor ministerial, ya que se le acusó de no dialogante y cerril.
Me da igual que la justicia esté en manos de un sector conservador o
cristrofriki, la cuestión es que además se necesitaba un ministro que actuara y velara por su modernización. La imagen que se dio de él ayudó a los sectores más reaccionarios del estamento judicial, que comenzaron a trabar las ruedas del socialista. La justicia requiere una reforma desde tiempos
aznaristas, incluso
felipistas. Pero tenía que ser a Bermejo al que le hicieran
la primera huelga de jueces de la historia.
Tenía razón el ministro en decir que eso degradaba el sistema -¿se imaginan al presidente y los ministros en huelga?- pero nadie le iba a hacer caso. Sólo hace falta ir a un juzgado para ver que el atraso es evidente y que las condiciones son prehistóricas. ¿Por qué él? Porque a la larga resultaba ser el rival más débil. Como la dichosa reforma de
su vivienda oficial -da igual que justo hubiesen reventado todas las cañerías- o el hecho de que su mujer, en baja por depresión, asistiera a los actos electorales en Murcia. A la buena mujer le iría bien salir de su casa y estar con su marido, pero eso da igual. Lo importante es que la mujer del ministro se va de fiesta mientras está de baja. Así somos.
El ex ministro al final colmó el vaso de la inoportunidad con la dichosa cacería con Garzón. Da igual que
fuese organizada por un popular, que no hablasen o que no cenaran juntos. Como inoportuno fue que precisamen el ministro de Justicia
se saltase la ley cazando sin licencia. Nos da igual que el tema de las licencias de caza sea algo para sacar dinero, ya que los cazadores de monterías lo tienen. Poco importa que pague la multa. El daño institucional está hecho.
Su
compañero de correrías cinegéticas
sufrió una crisis de ansiedad que ha provocado su
sustitución en la instrucción del caso que a desatado esta tempestad: la
Operación Gürtel. Cuando el PP parecía tocado de muerte por
los espías, la corrupción y las luchas internas; cuando acusaban al PSOE de utilizar estos casos como cortina de humo; cuando la trama implicaba a
Paco Camps y amenazaba con democratizar la derecha española -esto es, ser una más y dejar de mangonear como antaño-... todo quedó como estaba.
Entiendo el profundo enfado que todo esto produce en mi padre. Bermejo no ha hecho excesivos méritos para tener que dejar el cargo. Otros se fueron
de cacería en momentos más inoportunos -¿os suena el
Prestige?- y no pasó nada.
Federico Trillo, el hombre al que ahora se
le llena la boca, ni pensó en dimitir tras lo
del Yakolev. Por eso Bermejo ha demostrado una gran higiene democrática y
responsabilidad política al "no quedarse pegado al banco". A este paso acabaría siendo un lastre y un apestado en las filas socialistas.
Su gestión ha sido plana, porque mala no ha sido. No ha tenido la mano izquierda para reconvertir un sector social tan carpetovetónico como el judicial, no daba el perfil. Ha tenido mala suerte y no ha sabido defenderse, siendo una fuente de sin sabores para
Rodríguez. De azote, pasó a ser azotado en público, mientras los corruptos, por el motivo que sean, siguen en la calle.
Como señalaba
Leire Pajín, esperemos que cunda el ejemplo. Lo decía mirando el reloj, extrañada de que nadie en la oposición recogiera el guante. Lo que espero es que Bermejo no tome ejemplo de su antecesor, el ínclito
Jose María Michavila. Durante su primer año en la oposición apenas pisó el Congreso, liado en su labor como abogado de Shakira y Alejando Sanz. La
Asociación de Periodistas Parlamentarios (APP) le distinguió como el Desconocido en el Parlamento. Eso sí es un ejemplo de higiene democrática.
Salud & aventura!