La Comunidad de Madrid es el claro ejemplo de la contradicción pensada hegeliana. Adalid de las causas más castas, puras y católicas -esto es, causas españolas-, lleva la contraria sistemáticamente a todos los españoles y a su legítimo gobierno. Por ejemplo: en España no se puede fumar en el trabajo y en determinados locales, mientras que en la capital del reino tienen su propia ley antitabaco. En las escuelas españolas se imparte Educación para la Ciudadanía, una asignatura que intenta contrarestar la falta de valores y la ignorancia ciudadana de nuestros vástagos; mientras en Casa Esperanza deciden que eso es adoctrinamiento antiespañol del gobierno español (¿WTF?) Existe un sistema de autonomías centralizado en Gallardonía que genera una sinergía que permite a los madrileños endeudarse con obras que luego echan a perder por cuatro putos árboles, pero desde allí claman al resto de españoles que las competencias de las que ellos abusan -educación, sanidad o recientemente el espionaje- no son para piojosos provincianos. Por su bien.
Lo que no saben los madrileños son las ganas que tenemos en "la periferia" de que se independicen. Sí, que se vayan solitos. La actitud beligerante de su Lideresa -Alberto Ruíz Faraón calla como una puta para poder pasar la factura de Madrid al siguiente alcalde con una sonrisa- con el gobierno que elegimos la mayoría es ofuscante. Como ofuscante es el trato mismo que da La Presidenta a los madrileños. Hospitales infrautilizados sin equipación ni personal, colegios subastados entre Kikos y otras castas católicas fundamentalistas y una irresponsabilidad sistemática para ejercer sus responsabilidades con respecto a los que Fomento y Obras públicas se refiere. También una televisión pública que es la envidia de la BBC. No hay peor maldición para los madrileños que Esperanza Aguirre Gil de Biedma.
Pero los madrileños se quejan mucho de su Lideresa a la par que le regalan mayorías absolutas cuando ella solita no puede ocuparse de ganar (Tamayazo). Porque, caballeros y cabelleras, acusar a Esperanza Aguirre de utilizar medidas mafiosas o de dudosa catadura moral es como acusar a Papá Noel de gordo alcohólico. Esta señora, de la que todos nos reíamos en el CQC de Wyoming, tiene un patio en su casa -de techos altos- muy particular. Lo que no saben los madrileños, masocas o no, es que todo el aliento que le han dado sólo ha servido para que la Ambición rubia quiera hacerse con el PP -partido pantojo- y luego con el gobierno. Que tiemble Europa con Esperanzita llorando y jodiendo día sí y día también. Igual empiezan a serrar por los pirineos.
Por fortuna el PPgate nos ofrece humor en tiempos de crisis. Y si no un buen ejemplo de corrupción nacional al más puro estilo cañí. Esperanza mientras se hace la víctima mientras ríe en su palacio, porque sabe que da igual. Da igual que se demuestre que ella mandó espiar a tal o cuál, da igual que se demuestre que se ha beneficiado en su cargo -está cara la calefacción-. Mientras tenga de su lado al poder mediático ESPAÑOL -FJ Los Asnos y Pedrojeta- darán igual los españoles, España, Madrid y los madrileños. Y estos últimos seguirán votando Esperanza.
