miércoles, 21 de marzo de 2012

Soy insostenible


"¡Qué aburrido se ha vuelto este blog!" pienso mientras me pongo a escribir. "Qué triste y repetitivo". No pienso pedir perdón. Es mi blog y hago lo que quiero con él. Nunca pensé en serio que lo que aquí dijera sirviera para algo; ahora menos. Dejadme quejarme en paz y si queréis pasáis de largo.

Y es que soy insostenible. La inspiración me ha venido hoy mientras destruía mi cordura pensando. Qué mal vicio, qué estúpido e inútil vicio. La gasolina, como cada semana, ha vuelto a subir. Obviamente el empeoramiento del tiempo, o la proximidad de las vacaciones, ayudará a que la gente use más el coche y así todos ganaremos más dinerito. Las petroleras y el Estado con su recaudación de impuestos. Por desgracia que yo use el coche no es bueno para el medio ambiente y es insfuciente para el Estado. Al menos las petroleras, o sus dueños, seguirán teniendo pingües beneficios. Porque se lo merecen.

El otro día me comentaba un trabajador del Diario de Navarra que los trabajadores del periódico habían firmado un contrato de paz social con la empresa. Ellos mantenían sus puestos y salarios durante dos años y cedían dos millones de sus planes de pensiones a la empresa. ¿Para qué? Para pagar a los accionistas claro, a los hijos y nietos de unos señores que fundaron la rotativa hace más de cien años. Y a mí me parece de lo más normal que alguien, sólo por tener un papel en su bolsillo, se lleve un dinerito sustancioso a costa del futuro de sus trabajadores. Mis abuelos, sin embargo, se conformaron con ser honrados.

Mientras me preguntaba si alguna marca de coche tendrá que cambiar su eslogan por algo como "me gustaba conducir" me he dado cuenta de a dónde hemos llegado. Cuando la pobreza era algo que nos molestaba en las pantallas de los televisores, a veces nos cruzaban la mente cosas como que esterilizar a esas madres con media docena de niños famélicos podría ser la solución. Que la obra social del hombre y la mujer blancos, con un poco de orden y control, pondría en vereda a esa horda de bocas hambrientas. 

¡Ja! Eso era cuando aquí teníamos derechos. ¿Cuántos estarán ahora mismo pensando que esterilizar a madres inmigrantes puede ser una solución a nuestros problemas? Hoy veía a Anglada en la tele decir a un grupo de inmigrantes que no había sitio aquí para todos. El presidente húngaro de Francia también se lo plantea. Los inmigrantes les robaron todo el cash a los griegos, o a los bancos alemanes y franceses. Hay que echarlos a toda costa porque eso pondrá a los europeos de bien a barrer suelos, recoger la uva y poner ladrillos para que puedan pagar sus deudas con salarios de miseria. Seguro que son más productivos.

A mí, ahondando en el carácter práctico y reformista de la derecha, se me ocurre la erradicación de todos aquellos ancianos que no puedan costearse la sanidad a partir de los 65 años. Además las familias tendrán exenciones por el número de hijos, cuantos más mejor. Por supuesto, en las familias que no puedan costearse la educación de sus hijos, sólo uno de ellos podrá recibir una beca del Estado. Sin embargo, todos aquellos que quieran ser religiosos tendrán las puertas abiertas de par en par. Así acabamos con el envejecimiento demográfico y tendremos una cantera de mano de obra barata e inculta para trabajar en chiringuitos y andamios. Todos españoles, para que aquellos que tengan dinero sean tratados y servidos como Dios manda.

Es sólo una idea, se me ocurren muchas más. Cuando algunos conocidos piensan que es demagogia el hecho de que para la cantera de las empresas eléctricas, nuestro Parlamento, la gente sin cash es sólo un gasto estatal, la imaginación echa chispas. Los enfermos crónicos van a palmar, ¿para qué hacer insostenible nuestro mundo por un puñado de años? Las enfermedades raras son una putada, pero hay gente a la que también le cae un rayo. ¿Y competir en I+D con otros países que lo hacen mejor? Es tirar dinero. Nosotros somos buenos poniendo cañas y ladrillos. Y reponiendo estantes, en eso podemos competir con los chinos, como bien sabe el dueño de Mercadona. Porque que no se nos olvide, ZARA paga sus impuestos en Irlanda y cose su ropa en Brasil, Marruecos y China.

Tengo 27 años y no he cotizado ni 80 días en toda mi vida. Soy un agujero negro en la Seguridad Social. Algo más que eso he trabajado, aunque sin cotizar, claro. El otro día mi padre me dijo que algún día tendría una nómina y yo me pregunté cuándo sería. Su precio no es moco de pavo: 6 años de mi vida en dos licenciaturas y ahora otro para hacer un máster. Soy un gilipollas, porque lo peor de todo es que todo destinado para ser un miserable profesor: vago, incompetente (todo el mundo se ha leído de cabo a rabo el informe PISA) y sectario. Es verdad, ¡si me siento plenamente identificado!

Veo el mundo que tengo por delante con la certeza de que de ésta no hay nadie que nos salve. No me dan ganas ni de ser el antihéroe. Si somos nosotros de quién depende nuestro futuro os aseguro que estamos perdidos. Soy insostenible para el sistema, perdonadme por mi alta traición. Pero no os preocupéis, acepto con resignación mis grilletes de esclavo.

No es tan difícil que así me caiga un rayo.

Salud & aventura.

lunes, 5 de marzo de 2012

La rabia del hombre viejo





A veces, cuando no logro olvidarme de lo que pasa a mi alrededor, procuro analizar los problemas y encontrar soluciones. Leo, escucho, pregunto. También intento compartir mis puntos de vista para ver si voy por el buen camino o no. Tengo varias páginas escritas para una propuesta política fundamentada en los mínimos. Ultimamente no dejo de pensar en los vicios del discurso económico y político imperante y sus posibles respuestas. Me gustaría escribir sobre cómo Rajoy pretende (pretendía) repetir el milagro de Aznar. Escribir sobre cómo eso que llaman "productividad" es una estafa. Proponer modelos empresariales que pueden desterrar ese antagonismo entre el beneficio privado y el bien público. Y entonces leo esto: 



Cuesta escribir una sola línea cuando todo el mundo ve las cosas aún más negras que tú. Cuando uno se desayuna con noticias como ésta, que sólo subrayan el hecho de que vivimos bajo el yugo de una panda de inútiles para los que no somos más que ganado. Cifras que recortar. No sé qué sentido tiene deprimir un país en la pobreza para salvarlo. Me recuerda al tratamiento medieval de las sanguijuelas. Desangrar a la víctima hasta que un milagro la salve o finalmente acabe de matarla. Eso sí, ahora como entonces, los que aplican el tratamiento no se juegan nada.

Existe una brecha, cada vez más grande, entre los que tienen cierta seguridad frente al futuro y los que no. Los que están sin trabajo, en condiciones duras y difíciles, ni están ni se les espera en el resurgir que siga a las cenizas de esta crisis, alimentarán la hecatombe. Aquellos que nos resbalamos hacia el precipicio, sin otro asidero que la familia, sólo podemos alzar un grito mudo. Los que están a salvo, o eso creen, sacrificarán a todos los que sean necesarios antes de que les toque el turno a ellos. Es precisamente esa visión cortoplacista y su pertinaz sordera lo que nos ha condenado a los demás.

En una cosa tiene razón el presidente Brey,  da igual que protestemos. Por la sencilla razón de que cuentan con que seremos mejores que ellos. Que seremos justos, que seremos honestos y que no haremos ningún mal a los inocentes. Por eso ni siquiera nos tienen miedo. Yo soy un número nada más, pero intento empatizar con ellos. Ver cuál es la mejor solución para ambos. Simplemente el ser consciente de un ellos y un nosotros, de esa dicotomía, me resulta repugnante. Y son cada vez más los que se sienten orgullosos de ser una minoría cada vez más minoritaria. Cegados de luz artificial.

Cada vez estoy más convencido de la inutildiad de las palabras y los hechos. Da igual lo que haga o lo que intente, nada depende de mí. Me han robado hasta la posibilidad de pensar en un futuro. Y lo peor es que es algo imposible de transmitir hasta que estéis aquí a mi lado.

Pero estáis muy lejos, tranquilos. Lejos de la rabia impotente del hombre viejo.

Salud & aventura.