martes, 29 de junio de 2010

Soy todo lo que me pasa...


... y aquí no pasó nada. No puedo escribir, no me sale. Por lo tanto prefiero quitarme la presión. Hasta la próxima; ya sea hoy o, tal vez, mañana.

viernes, 18 de junio de 2010

Palabras, palabras, palabras...

El volcán Eyjafjalla en erupción. vía Senseless Acts of Beuty (Irracionales actos de belleza)

Nadie puede ser consciente de las implicaciones de sus actos y vacilaciones, de sus decisiones u omisiones. Vivir es caminar y -!ay!- el camino se hace al andar. Sé que exijo mucho a mis lectores que, valientes, os tenéis que enfretar a cosas que normalmente tienen por intención hacer pensar. Y pensar, en los tiempos que corren, es un lujo que sólo se pueden permitirse aquellos adictos al sinsentido. Porque no hay mayor acto de irracionalidad que buscar el orden en el caos perfecto.

Pero no os preocupéis. No pretendo liaros con diatribas o cábalas sobre el futuro, el presente y el pasado. Sólo quería deciros que yo sólo os puedo dar palabras, pero que por dentro hay mucho más. Hay sentimientos, hay un corazón que algunas veces puede a la razón y que, pese a quien le pese, estoy aquí por mí, para vosotros. Un humilde rincón de alguien que sólo pretende compartir sus dudas y sus miedos, sus enfados y sus reflexiones. Y sí, también moveros a llevar un paso más allá vuestros planteamientos. No busco convenceros, sólo que os sentéis a pensar conmigo.

¿Por qué os digo esto? Últimamente me acuerdo de aquellas palabras de Adolfo Suárez, en las que pedía a la gente en los mítines que le aplaudiesen menos y le votaran más. Mi breve y a tiempo parcial paso por la docencia me ha enseñado dos cosas. La primera, todo lo que hay que saber para ser un buen maestro. Ya lo sabía, pero ahora comprendo mejor por qué en muchos países la docencia es algo honorable. Y lo segundo, lo difícil que es que te hagan caso. Una vez alguien que era mi amigo, tras un erro mío, me dijo que no quería hablar conmigo. Que cómo hablaba tan bien corría riesgo de verse convencido. Me vino a decir que él hablaba y escribía peor, pero que era más honrado.

No pongo en duda su honradez, es lo de menos. Lo que sí me llama la atención es la desconfianza que levantan las palabras más o menos bien dichas. Hollywood nos ha acostumbrado a los discursos infalibles, a los dialogos brillantes. El abuso del discurso, de la retórica y la demagogia ha hecho que ya no valgan mucho las palabras. No me refiero a que leamos más, pensemos más o a que escuchemos más. Sí, el "yes, we can" es el último ejemplo de la retórica efectista, posiblemente fruto de muchas horas de trabajo. Pero seamos sinceros, todos pensamos: "Sí, muy bonito, pero es un discurso vacío".

El escepticismo es algo que admiro y que considero necesario. Pero no podemos dudar de todo, aunque sólo tengamos como justificación la esperanza. Suspender el juicio no es ser realista, es no comprometerse con la realidad. Y para eso, más nos conviene estar muertos. De hecho, hay muchos muertos en el mundo que pretenden guiarnos a todos hasta su barrio. Jamás pensé que llegaría hasta esta conclusión, pero es así. Se duda de los jueces, de los policías, de los médicos y de los profesores. De los políticos, ni digamos. Pero no se trata de obviarlos, se trata de buscar en los que sí creer.

Sólo quería ser una breve reflexión, pero esta noche me asaltan las palabras a la misma velocidad que las dudas. Da igual, sé que después de este invierno largo y esta mala primavera, no derramaremos más lágrimas en la arena. No tengo ni un puto indicio. No tengo la fuerza, el aplomo ni la opción de cambiar hoy el mundo. Pero aquí están mis palabras, mi vehículo de pensamiento. Y de ESPERANZA.

Salud & aventura

viernes, 11 de junio de 2010

¿Dónde está la furia?

"Panem et Circenses"
Satira X, Décimo Junio Juvenal

"Un espectro se cierne sobre Europa"
Manifiesto del Partido Comunista, Karl Marx y Friedrich Engels

"El hombre no tiene más deberes que los deberes hacia los hombres"

Metafísica de las costumbres, Immanuel Kant

"La palabra progreso no tiene ningún sentido mientras haya niños infelices".
Albert Einstein

Hemos averiguado que vivimos en un insignificante planeta de una triste estrella perdida en una galaxia metida en una esquina olvidada de un universo en el que hay muchas mas galaxias que personas." Carl Sagan


Ultimamente mucha gente se acuerda de Karl Marx, en una desagradable nebulosa de nostalgia y decepción, para echarle en cara que nunca fue un profeta. La utopía del paraíso comunista se transformó en una prisión real para millones de personas, en la que los que más sufrieron fueron los proletarios. Erró porque la transformación de la historia siguió desarrollándose sobre las corrientes de sangre de los desheredados, mientras la elite fracasaba convirtiendo el pensamiento en vómito intelectual. Ni la floreciente Teología de la liberación consiguió consumarse, abortada por la Santa Madre Iglesia, temerosa de la ilusión de un paraíso en la tierra.

Pero, como si todas estas derrotas no hubiesen sido suficiente, Marx también se equivocó respecto a la bestia negra del capitalismo. Él nos prometió que se colapsaría y que los pobres recibirían por fin la tierra y el fruto del sudor de su frente. Sin embargo Capital amenaza con hacerse más fuerte en la crisis mientras acaba con los últimos reductos de socialdemocracia. Los estados se han convertido en rehenes de los bancos y del mercado. Y las personas, como sujetos de derechos, hemos acabado por desaparecer.

La crucifixión interminable. vía Roc Herms

Por no acertar, Marx tampoco acertó con aquello de "la religión es el opio de los pueblos". La sociedad, como tal, está al borde de la extinción, vapuleada por la naturaleza y las circustancias, víctima de su mezquina y egoísta naturaleza. ¿Se abraza desesperada a la religión? El fundamentalismo religioso es un gran útero en el que gestar la violencia y el dolor, el odio y el horror. Los marginados y oprimidos encuentran allí la única vía de escape permitida. Pero la realidad es que son utilizados por ayatolás, imánes, superiores generales de la Congregación, prelados y demás sumos sacerdotes para cumplir con sus intereses. Son herramientas para unos fines politicos, económicos o sociales y, por lo tanto, no están inactivos precisamente. Manipulan su energía, pero ellos todavía quieren luchar.

El único "opio del pueblo" que existe en la actualidad, el que verdaderamente es capaz de anestesiar a una sociedad, es el fútbol. Hasta yo he terminado sucumbiendo, aunque al principio no me di cuenta. El final de Liga, la final de la Liga de Campeones, la expectación del mundial. Por dentro me bullían cientos de pensamientos y sensaciones, pero prefería perderme en las vicisitudes deportivas que ponerme a escribir. Me cuesta mucho escribir estas palabras, ya que cada dos por tres busco cómo va el partido entre Francia y Urugay. ¿Qué me importa a mí? Nada, y ese es el secreto.

En un baño del Santiago Bernabéu tuvieron esta original iniciativa para ahorrar en papel higiénico. vía el

El otro día leía que los clubes de la primera división brasileña debían más de 1.000 millones de euros. Más de 500 millones pertenecen a la deuda de los equipos con la hacienda estatal, que crece progresivamente. Brasil, capital histórica del jogo bonito, ilustraba la situación del fútbol internacional. En la cuna del balonpié, Inglaterra, la deuda asciende a 3.000 millones. Y en España, que ostenta la mejor selección de la actualidad, la deuda es de 3.526 millones de euros, según el último estudio del profesor de Economía de la Universidad de Barcelona, José María Gay de Liébana. Esto es, 586.677.036.000 pesetas. Más de medio billón de pesestas.

Todo es matizable, claro. El líder en deuda, el Real Madrid (683 millones de euros de deuda) y el Barça (489 millones) copan el 53% de los ingresos. Más preocupante es lo que sucede con equipos como el Valencia, que debe 547 millones y depende de BanCaja Madrid. Los clubes deben al fisco español un total de 900 millones de euros, que crece de manera inexorable. Por cada euro que tienen deben 12,83 euros.

La pregunta es sencilla. ¿Se puede cobrar la deuda? Hay que pensar que la deuda de los equipos españoles, la mayor parte con Hacienda y con las Cajas de Ahorros, supone un 20% de lo que pretende ahorrar el ejecutivo con su "tijeretazo". La respuesta es que sí es posible, porque los clubes tienen unos activos totales de 3.800 millones de pesetas. Están repartidos de forma desigual, pero el pago podría suponer la liquidación de la deuda y de la Liga española. Y eso es inimaginable aunque a empresas pequeñas, por una deuda un 3.800% menor, se les obligue a cerrar.

No hace falta ser un equipo de fútbol para endeudarte muy por encima de tus posibilidades. He aquí un Cristiano Ronaldo que mucha gente comprará para ver el mundial. Ya lo pagará usted mañana. Y con un poco de suerte, no hay mañana.

El fútbol español es como el español medio. Uno podría decir que la Liga española es una liga de "primer orden", y que los beneficios que genera son un activo del país. Estoy de acuerdo, pero las fichas de los jugadores se pagan todos los años y la inflacción en el mercado es desorbitada. Cristiano Ronaldo habrá generado más de los 100 millones de euros que costó, pero lo que se sabe a ciencia cierta es que su club no ha comenzado a pagar el crédito que pidió por él. Y sólo hay que ver la ligereza con la que la prensa afirma que este año se van a gastar un pastizal parecido los clubes. Total, pagamos todos.

Los ciudadanos también creímos vivir en un país de "primer orden" y comenzamos a endeudarnos. Los bancos y los especuladores, después de darse una buena comilona con nuestro dinero, nos abandonan ahora. Ya no quieren nada de nosotros. Mientras vivíamos el sueño del progreso, sembrando campos y campos de hormigón, nos robaron nuestra soberanía. Mientras el dinero caía del cielo, confiamos nuestra capacidad de decisión a ladrones y políticos incapaces. Y ahora, ¿qué? Ya no jugamos el partido.

Todos los actores de nuestra sociedad andan completamente desorientados. Nos han robado la alfombra debajo de nuestros pies y, los vigías, los que están en posiciones de intuir qué nos deparará el futuro, sólo son capaces de mantener el rumbo hacia un mañana incierto. Ya advertía David Cameron, tras descargar su responsabilidad primero en Brown, que "los efectos de estas decisiones estarán con nosotros durante años, quizás durante décadas". Así, lo más fácil, es no querer pensar.

Es un simple logro deportivo, pero moviliza las pasiones.

Y a eso ayuda precisamente La Roja. Si ganan el mundial es probable que aumente la natalidad, terminé de desaparecer la escasa conflictividad laboral que queda y seremos felices. En nuestros corazones sentiremos cierto calor. Incluso los que no tengan apego ninguno por España podrán sentirse orgullosos del trabajo de sus jugadores. De que la mayor parte de la población vuelva a ir con una sonrisa, al menos por un día, a su trabajo. Si me apuras, puede que aumente la producción. El fútbol es un bálsamo anímico.

En un mundo en el que las palabras no valen por sí solas, en el que todo argumento tiene su excepción, en el que toda certeza tiene su duda, el emotivismo y el sentimiento es el refugio del no-pensador. El fútbol, y el deporte en general, son los últimos reductos en los que el simbolismo y el mensaje trascienden para generar un mensaje. Unidad, esfuerzo, sacrificio, planificación, trabajo, solidaridad... son cosas necesarias en un equipo de fútbol. Un ejemplo es Can Barça , donde han cuidado esta filosofía y ahora mismo son imbatibles en lo deportivo. Hay más gente que llora por ganar o perder un partido que por la muerte sistemática de personas todos los días.

Allí está la furia. Allí está el corazón palpitante de una sociedad abatida y perdida. Ójala existiera el resorte para transmitir esa pasión hacia un mejor país. Hacia los valores de unidad, esfuerzo, sacrificio, planificación, trabajo y solidaridad. Quizá por eso algunos defienden que los jugadores se merecen 600 mil euros por cabeza si logran el título. Porque habrá millones de personas que durante unos días volverán a sentirse vivos.

El partido más importante se juega "sobre la pelota".

Sueño con cambiar el mundo. Necesito cambiar el mundo. Quiero alimentar vuestras emociones y pediros que os levantéis conmigo, porque siento que es mi responsabilidad. Pero la pelota me queda demasiado grande.

Salud & aventura.

sábado, 5 de junio de 2010

...el horror, el horror...

"Después de Auschwitz no es posible escribir poesía" . Theodor Adorno

"Y así se acaba el mundo Y así se acaba el mundo Y así se acaba el mundo No con un estallar, con un sollozo".
Los últimos cuatro versos del poema The Hollow Men T.S. Elliot (traducción de Julio Hubard)

Esto lo sabemos: la tierra no pertenece al hombre, sino que el hombre pertenece a la tierra. El hombre no ha tejido la red de la vida: es sólo una hebra de ella. Todo lo que haga a la red se lo hará a sí mismo. Lo que ocurre a la tierra ocurrirá a los hijos de la tierra. Lo sabemos. Todas las cosas están relacionadas como la sangre que une a una familia.
Carta del Jefe indio Seattle al presidente de EE.UU (1854)



El horror, al contrario de lo que normalmente se cree, no se esconde en el corazón de las tinieblas de un remoto país. Esa tiniebla densa, vacía e irracional se encuentra en el corazón de todas las personas. Y como un depredador devora toda la luz de la razón y la voluntad. Acechando en los recovecos de la imaginación, el terror a los desconocido o incomprensible ha delimitado lo que está más allá de toda contemplación. Un límite en el que no importa el bien o el mal, tan sólo el vacío que provoca. El horror.

El horror es inaprensible, se escapa viscoso de los intentos por comprenderlos. Sin embargo la atracción racional hacia lo irracional nos lleva en muchas ocasiones a asomarnos al abismo. A cruzar ese límite, en experimentar aquello que escapa, que aborrecemos con sólo pensarlo y a lo que, sin quererlo, nos sentimos llamados. El asesinato, la violación, el suicidio, el abuso, la destrucción... realidades cotidianas sensibles a todo ser humano. Algunos accedemos sólo desde la ficción, desde los grandes titulares, desde la cómoda posición del voyeur, del mirón. Otros cruzan la línea y son consumidos. No deseo que nadie muera, pero no deseo que nadie mate.

El mundo es una red, un sistema, en el que todos los factores tienen una función de correlación. Es absurdo pensar que la acción humana puede reducirse a un ámbito. Pero no comprendemos las relaciones, los vínculos, las reciprocidades del orden caótico de la naturaleza. Destruímos esos lazos contínuamente y nos encadenamos a otros. Rompemos el orden establecido para instalar el nuestro. No sólo en la naturaleza, sino en el conocimiento. Toda ciencia es una explicación del universo. Una explicación, una adecuación de la realidad a nuestra razón.
Un agujero negro es límite del universo.

Sin embargo el horror no encuentra acomodo en ninguna categoría del conocimiento. Sencillamente porque es un ausencia completa de todo. En la estética, o teoría del arte, existe un concepto parecido pero de connotaciones positivas. "Lo sublíme" es aquello que nos atrapa y nos muestra algo en toda su grandiosidad. Es la contemplación del todo, que nos acongoja y nos lleva al infinito. Schopenhauer señala que esta experiencia nos demuestra nuestra insignificancia y facilita nuestra comunión con la naturaleza. Por supuesto, lo realmente sublíme no puede ser reproducido y, si es caso, siempre representará a un hecho de la naturaleza.

El horror, sin embargo, nos señala nuestra absoluta soledad. La nada de Sartre y su náusea es sólo una intuición. El horror es verse inundado absolutamente por ese vacío. Ser arrastrado en contra de tu voluntad hacia la más profunda negatividad. Es la otra cara de los logros de la razón, la cara oculta de nuestra concepción humana. Sólo nosotros podemos traspasar ese límite como animales racionales. Y no existe razón social o causa ambiental que nos lleve a pasar la línea o, una vez psada, no dar marcha atrás. Somos víctimas, jueces y verdugos.

El horror y el odio son irracionales y recíprocos. Crecen en nuestro interior y son capaces de acabar con todo. Se trata de una zona muerta en la que el vacío es la única compañía, llevándonos cada vez más lejos de la seguridad. Podremos buscar un enfoque utilitarista, pragmático o sentimental. Podremos darle una interpretación religiosa o misteriosa. Pero lo único que se oculta detrás de esa repulsión, ese odio y esa obsesión será el horror. Y detrás, nada.
El horror.

¿Por qué el horror? Después de la derrota de la Alemania nazi se descubrieron las atrocidades que se habían cometido contra millones de personas. No sólo judíos, también comunistas, retrasados, homosexuales o gitanos. Adorno dijo entonces que después de aquello no se podría volver a escribir poesía. La magnitud de aquel horror debería quedar marcado a fuego para siempre para que no se repitiera. Su constatación, o tal vez su aviso, quedaron sepultadas en la memoria.

Ahora vemos cómo aquel horror no sirvió de nada. Sólo sirvió para generar una guerra perpetua fundamentada en el odio. A las víctimas les faltó tiempo para convertirse en verdúgos, dando una lección de que el hombre no es racional, es irracional. Pero el conflicto palestino-israelí es sólo una gota en este mar inmenso de horrores cotidianos. El silencio y la tibieza internacional respecto a este caso es vergonzoso, pero su silencio es completo en muchas otras parcelas.

La "socialización del dolor", ese horror que inventaron los terroristas para compartir su vacío, su odio y su rabia, vive un momento álgido gracias a las televisiones. Desde la comodidad de nuestro sillones vemos abusos, violaciones, asesinatos, muertes, injusticia e irracionalidad sin escapar, alejando los límites y dejándonos consumir por ese vacío. Matamos nuestro planeta, sometemos al hambre y la ignorancia a MILLONES de personas. Al día mueren 26.000 niños, haciendo un total de más de 9.000.000 de niños anualmente, la mitad a causa del hambre. Eso es horror.
Un niño con una infección. 26.000 al día sufren cosas peores cada día.

El horror nos está calando el alma, nos está consumiendo en su irracionalidad y su vacío. ¿Sentís que no hay propósito? ¿Qué nadie gana y que perdemos todos? No podemos engañarnos, el horror que nace en nuestro interior nos está consumiendo. Lenta pero insidiosamente. Sin que nos demos cuenta. Por eso entiendo las últimas palabras del coronel Kurtz en Apocalypse Now:



Salud & aventura.