lunes 11 de enero de 2010

Cosas que pasan (X): Rehenes de lo correcto o la gran cortina de humo


Una vez alguien inventó el concepto de lo políticamente correcto. Una máxima por la cual se deben regir las relaciones sociales. La educación, el comportamiento cívico y la honradez quedaban limitados a lo que era políticamente correcto. Ya no valía decir verdades como puños, sólo verdades. Y, a veces, ni eso.

Los juegos olímpicos de invierno, en Vancouver. Sale nieve y un 2010, no hay más explicaciones.

Pensé que con la llegada del 2010, de forma milagrosa y universal, el sentido común inundaría nuestras casas, que llegaría una primavera en los valores de las personas y que todo se iría solucionando. Un neonacimiento, como una vez escuché a un sabio. Por desgracia, toda esperanza fue en vano. Todo sigue igual y, lo que es peor, apunta hacia abajo. Como señal de que mi perspectiva era frustrada, la nieve y el hielo coparon los telediarios. Una cortina de humo para no hablar de las detenciones de esos fanáticos, hijos de un tiempo ya pasado, cuyos padres siguen atizando las conciencias de manera impune. Y tiñendo todo de mentira.
Los hijos del odio van cayendo, pero su estupidez es un drama que debería llevar a la reflexión.

Pero detener a los perros asesinos de ETA es otra cortina de humo para no hablar del nuevo obispo de San Sebastian, anteriormente obispo de Palencia. La Iglesia siempre atenta a los rezos de sus feligreses, ha enviado al País Vasco a José Ignacio Munilla, exobispo de Palencia. El 77% de los sacerdotes vascos no lo quieren, pero los caminos del señor son inescrutrables. Parece que en el País Vasco no existe el equilibrio, y hay quien se empeña en tirar hacia lados contrarios a la espera de una fractura social. ¿Qué mas da si lo hacen con el mundo entero?
Jose Ignacio Munilla. El siempre fue un poco pelota.

Más personas pobres, personas cada vez más ricas. Ese es el único fin. Por eso inventan cortinas de humo como lo de Munilla, porque lo que intentan ocultar es que los ricos, los que vuelan en pájaros de acero, sufrirán una colonoscopia para subir a un avión, "por su seguridad". Porque vivimos en un sistema garantista, en el que el trueque de garantías por el de libertades está a la orden del día. Da igual que ahora, de repente, fallen todos los sistemas de seguridad.
Así los niños podrán interiorizar la experiencia de viajar en avión.

Puede que sea una cortina de humo para tapar los desmanes de las compañías aereas y los empresarios sin escrúpulos. Empresarios que agreden a locutores de televisión con taburetes, que echan a la gente a la calle para sanear sus cuentas con la excusa de la crisis y que construyeron en gigantescas urbanizaciones las lápidas del cementerio de nuestra economía. Una crisis urbanística que falló en su empeño de tapar, como una cortina de humo, la crisis económica y social del mundo entero.

Y la crisis es la gran cortina de humo que permite ocultar a la opinión pública -inmisericorde animal primitivo, presto a detrozar pero sin un ápice de cordura- la realidad de una estúpida ley de internet, elaborada con premura, para alimentar el pesebre de los que clamaron contra una guerra injusta y, que ahora, intentan vivir de las rentas. Durmiendo el sueño de los "justos", supongo.

Los deportistas han tomado nota, y ahora todo el que haga la ruleta de Zidane, por ejemplo, tendrá que pagar un canon a la Sociedad General de Futbolistas y otros Deportistas. Que se jubilan a los 30, y luego tienen que trabajar como las personas normales.

Una ley que evita que se hable de los secuestrados en Mauritania. Que se hable del fracaso de Copenhague. De la cara nueva de Berlusconi, de la financiación ilegal del PP, del Gurtel, de la sucesión de Rodríguez, de la recuperación de la bolsa y del paro, de los 24 millones de chinos solteros que habrá en 2020, de lo de Mr Bean en la web de la presidencia europea, del matrimonio gay y su apocalíptica misión, de Hussein y Afganistan, del cambio climático y, en última instancia, de las heladas que crean el caos en el mundo civilizado.
Aunque yo creo que somos rehenes de lo correcto políticamente, que ha nadie le interesa decir la verdad y que, aunque nos pese, todo esto es una cortina de humo de nuestra propia estupidez.

Salud & aventura.

viernes 25 de diciembre de 2009

Papá Noel no existe, son los padres

martes 22 de diciembre de 2009

Nunca es tarde


Con las nieves he pensado una cosa. La nieve cubre el césped de nuestros parques de vez en cuando con las grandes nevadas. Me refiero en los sitios donde nieva u, obviamente, hay parques con algo más que cemento. Pero si la nieve se quedara ahí durante mucho tiempo, como ocurría en las montañas antes del advenimiento del fin del mundo, la ausencia de luz, el frío y el agua excesiva fruto del deshielo debería acabar con la vida sepultada por el manto blanco.

Sin embargo, aunque mis conocimientos en botánica y biología son inexistentes, creo que precisamente las cualidades mismas de la nieve son las que consiguen mantener la vida. Y es que no creo que las cuatro estaciones sea un invento de hace cuatro días ni producto de ecologistas terroristas. La vida, la naturaleza, está acompasada a los ciclos que componen la vida. Así, el invierno, oscuro y frío, no es tan terrible. El frío conserva las semillas bajo tierra y se lleva en la oscuridad a aquellos que no sean capaces de sobrevivir. Limpia el aire, el agua y la tierra; provee a los manantiales de agua y pone todo a punto para la primavera.

Sé que vosotros lo supistéis antes, igual que nuestros vecinos, antepasados y ancestros. Sé que puedo ser el último en enterarme. En ocasiones la vida es oscura, fría y terriblemente dura. Conmigo nunca lo ha sido, porque yo soy un tipo bastante simple. Pero nunca se sabe. Judith Kerr, escritora alemana y judía, tuvo que abandonar su país natal con 13 años por culpa de la guerra. Después recogería esa experiencia, que le llevó por Suiza, Francia e inglaterra, donde finalmente se instalaría con su familia, en un librito llamado Cuando Hitler robó el conejo rosa. Una novela juvenil-adolescente, previa a la invasión vampírica, que escondía una moraleja. La protagonista lleva siempre un libro con biografías de personas famosas. Todas historias apasionantes, complejas y llenas de aventura. Justo cuando todas sus peripecias llegan a su fin, Anna, la protagonista, le dice a su padre: "nunca seré famosa, porque mi vida no es tan fascinante como la de ellos".

La vida es algo complejo. Unas veces arriba, otras abajo, y siempre en lucha. En lucha contra uno mismo, contra la sociedad, contra el mundo. Y como en todo, hay primaveras, otoños, veranos y, como no, inviernos. Creo que el 2009 ha sido un año anímicamente malo a nivel mundial. El miedo a la crisis caló nuestros huesos y quién más, quién menos, tuvo su primer momento de lucidez en mucho tiempo. El hombre, en su insignificancia, fabrica sueños y espectativas de tamaño colosal. A veces lo logra, y se siente el rey del mundo. Pero la más suave de las brisas puede desencadenar la caída del más sólido puente de acero.

No quiero enumerar lo bueno y lo malo. No soy de hacer balances. Ahora, hoy, no lo soy, supongo. Sólo sé que ahora somos un poco más conscientes de qué hicimos mal, qué hacemos mal. Tenemos miedo, y es verdad, a cada acción le corresponde una reacción. Las consecuencias son inherentes a el hecho de vivir y actuar. Nunca lograremos el equilibrio, no conseguiremos tener todo clasificado. Ni científica ni humanamente. No hay nada como el conocimiento, pero la magia está en el primer momento de desconocimiento. La ignorancia, la inocencia, la curiosidad.

Ahora vivimos un largo invierno, dónde la decepción nos cubre y los miserables campan a sus anchas. Las cosas buenas pasan, nos pasan a todos, y mantienen el calor de la esperanza. Y es que, quizá en 2010, llegué por fin la primavera. De nosotros depende que esto no se convierta en una nueva era glacial.


Salud & aventura. Y una larga primavera...